domingo, 10 de diciembre de 2017

PREGUNTAS QUE YA NADIE HACE (I)

La sola idea de que una cosa cruel
pueda ser útil es ya de por sí inmoral.
Cicerón

Ningún hombre conoce lo malo que es
hasta que no ha tratado de esforzarse por ser bueno.
Sólo podrás conocer la fuerza de un viento
tratando de caminar contra él, no dejándote llevar.
C.S. Lewis

¿Es usted un demonio? Soy un hombre.
Y por lo tanto tengo dentro de mí todos los demonios.
Gilbert K. Chesterton


El mal existe, pero no sin el bien,
como la sombra existe, pero no sin la luz.
Alfred de Musset


Hace ya un tiempo atrás, mi amigo en Facebook, Nito Sosa (https://www.facebook.com/nito.sosa.56), publicó la siguiente nota:
"ALGUNAS PREGUNTAS QUE EL HOMBRE MODERNO YA NO SE HACE Y QUE SON NECESARIAS PARA SABER SI EVOLUCIONAMOS O INVOLUCIONAMOS.
¿Hemos perdido la noción del bien y del mal?
¿Qué es lo que está bien y que es lo que está mal? ¿Cuál es el parámetro para medir lo bueno y separar lo malo? ¿Por qué el hombre hace más fácilmente lo malo que lo bueno? ¿Por qué el mundo se hace invivible con el mal? ¿Quién determina lo que está bien y lo que está mal? ¿Existe el bien absoluto? ¿Existe el mal absoluto? ¿La palabra define al bien y al mal? ¿El bien es relativo? ¿El mal es relativo? [¿QUÉ ES LA VERDAD?] ¿La verdad está vinculada al bien? ¿La mentira está vinculada con lo malo? ¿La verdad puede hacer el mal? ¿La mentira puede hacer el bien? ¿La verdad nos hace libre y la mentira nos esclaviza? ¿Existe la libertad en forma absoluta? ¿La libertad es buena? ¿La libertad es mala? o... ¿La libertad puede ser buena y mala a la vez? ¿El pueblo define a la verdad? ¿La mayoría popular define a la verdad? ¿La minoría popular define a la verdad? ¿El pueblo tiene la verdad? ¿Existe la moral? ¿Existe la ética? ¿Nos hemos olvidado de ambas o fueron borradas de la cultura del pueblo? ¿Qué son las virtudes? ¿Se habla hoy de las virtudes? ¿Existe el bien común? ¿Existe un pensamiento común? ¿Existe un hombre sobrenatural o simplemente somos parte de una escala biológica? ¿Pensamos como seres inteligentes o somos parte de un hombre masificado?
"
Después de leer todas estas preguntas se me ocurrió que constituían casi el índice de un ensayo sobre el cual bien valdría la pena trabajar. Le pregunté entonces si podía utilizar sus preguntas como guía para tratar de hallar algunas respuestas o, por lo menos, algunas aproximaciones a una respuesta. Nito es generoso: me respondió que sí.

El resultado parcial es esta primera parte del ensayo. Espero poder completarlo en entregas subsiguientes hasta agotar las preguntas planteadas.

Y también espero con toda sinceridad que Nico no se arrepienta de haberme permitido usar su nota como índice .... 😇
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1)- El Bien y el Mal

¿Hemos perdido la noción del bien y del mal?


Probablemente no hemos perdido la "noción" como tal, es decir: como concepto. En términos generales y salvo grupos marginales completamente enfermizos y hasta humanamente degradados, seguimos siendo conscientes de que hay cosas aceptables porque "están bien" y cosas inaceptables porque "están mal". 

Lo que hemos tergiversado son los valores asociados a varias actitudes y comportamientos; valores que a su vez correlacionan con las virtudes esenciales tradicionalmente inherentes a nuestra civilización y cultura. Esa tergiversación hace que acciones morales que antes se rechazaban y se consideraban disvaliosas, hoy se aceptan, ya sea por un relativismo que se niega a emitir juicios de valor estrictos, ya sea mediante un permisivismo que declara de antemano la neutralidad y hasta la indiferencia ético-moral, ya sea a causa de una deliberada inversión de valores por la cual se propone considerar como un Bien lo que tradicionalmente la cultura de Occidente siempre concibió como un Mal y viceversa."

San Jorge y el dragón

¿Qué es lo que está bien y qué es lo que está mal?

Como es sabido, se han ensayado múltiples respuestas a esa pregunta. Sin embargo, si uno analiza el conjunto de estas respuestas, no es difícil aislar al menos cuatro criterios básicos principales: el criterio utilitarista, el teológico, el filosófico-metafísico y un último que quizás podríamos llamar ecléctico, en el sentido original del término. [1] 

Utilitarismo

Un enfoque posible es el del utilitarismo según el cual el Bien es lo útil, lo que "hace bien" o "conviene" y el Mal es lo que "no conviene" o "hace daño".  Por ejemplo, Fernando Savater propone una definición completamente utilitarista, muy en línea con los filósofos ingleses del S. XIX:
"... entre todos los saberes posibles existe al menos uno imprescindible: el de que ciertas cosas nos convienen y otras no. No nos convienen ciertos alimentos, ni nos convienen ciertos comportamientos, ni ciertas actitudes (...) De modo que ciertas cosas nos convienen y a los que nos conviene solemos llamarlo "bueno" porque nos sienta bien; otras en cambio nos sientan pero que muy mal y a todo eso lo llamamos «malo».  [2]
Si esto fuese totalmente cierto podríamos afirmar simplemente que "bueno es lo que me sirve y malo es lo que no me sirve" o, dicho en otras palabras, "lo útil es bueno, lo inútil es malo". Todo el arte, toda la filosofía, toda la ciencia, todo el saber humano, en suma, quedaría así englobado por un criterio de utilidad, o de mera conveniencia, o hasta de simples "gustos" – algo, dicho sea de paso, bastante común en las morales básicamente ateas.

Sería simple si fuese posible. Desgraciadamente, no es tan sencillo. Áreas enormes del saber han sido, afortunadamente, desarrolladas mucho antes de que supiésemos realmente si nos convenían o no nos convenían.  Y muchas otras resultaron parcialmente convenientes pero también parcialmente inconvenientes en proporciones diversas. Si los esposos Curie se hubiesen planteado la ética desde la óptica del señor Savater, probablemente ni hubieran empezado sus trabajos sobre la radiactividad y hoy quizás no sabríamos aprovechar la energía nuclear. Si la conveniencia, o la utilidad, es lo que diferencia al Bien del Mal, ¿dónde ponemos todas las cosas de las que, en realidad, no tenemos ni idea si son - o no - "convenientes"; si serán - o no - "útiles" algún día? Y si solo es bueno lo que "nos gusta" ¿dónde ponemos todas aquellas cosas que no nos gustan para nada pero que tenemos que hacer igual porque el dejar de hacerlas genera consecuencias mucho peores que el hacerlas?

Ni hablemos del hecho que, en términos de conveniencia utilitarista, algo puede ser bueno y malo al mismo tiempo, como en el caso mencionado de la energía nuclear. Además, lo "malo" para el individuo puede ser "bueno" para la comunidad en la que vive. Es la diferencia que señala Max Weber cuando habla de la "ética de las convicciones" y la "ética de la responsabilidad". [3] El "bien" de la primera no siempre coincide con el "bien" de la segunda. Una persona que siempre responde a una agresión con una trompada puede eventualmente ser acusada de agresiva e intolerante. Esa misma persona siendo un Ministro de Defensa, si no responde a la agresión de una potencia extranjera podría ser procesada por incumplir sus deberes de funcionario público.

Teología

Otro enfoque viable es el teológico. Aquí el problema reside en que nos resulta imposible imaginarnos a un Dios único todopoderoso pero malo. Las religiones monoteístas están casi lógicamente forzadas [4] a concebir a Dios como un Ser bueno puesto que la alternativa inversa conduciría inevitablemente a una doctrina de desesperación. Si Dios fuese malo, estaríamos condenados; no tendríamos salvación posible e incluso nos resultaría imposible explicar por qué, siendo todopoderoso, ese Dios Malo permite determinadas manifestaciones del Bien que resultan imposibles de negar, al menos en algunos casos. Sucede, sin embargo, que las teologías que sostienen la existencia de un Dios Bueno, todopoderoso y omnisciente, enfrentan el mismo problema pero a la inversa. ¿Por qué Dios permite el Mal cuyas manifestaciones son imposibles de negar, también en al menos algunos casos?

Quizás el planteo más fuerte de esta cuestión esté reflejado en la llamada "Paradoja de Epicuro" [5] que, en lo sustancial, se puede enunciar así:

"¿Está Dios dispuesto a erradicar el Mal pero no puede?
Entonces no es omnipotente.
¿Puede hacerlo pero no está dispuesto?
Entonces no es bueno.
¿Es capaz y además está dispuesto?
Entonces, ¿de dónde proviene la maldad?
¿No es capaz y tampoco está dispuesto?
Entonces ¿para qué llamarlo Dios?

Esta paradoja, que todavía goza de gran popularidad entre los ateos aun a pesar de los 1.800 y pico de años de haber sido formulada, ha sido rebatida  de varias formas no solo por los teólogos católicos y cristianos en general sino incluso por filósofos paganos griegos y romanos. 

Probablemente la tesis más sólida es la que gira alrededor del pensamiento de tres grandes pensadores de Occidente, grecorromano el primero y cristianos católicos los otros dos:  Plotino (205-270) , San Agustín (354- 430) y Santo Tomás (1224-1225). Por de pronto, ya en la doctrina de Plotino el Mal debe buscarse en el "no-ser", es decir: no está en Dios (el Uno), ya que éste es el Bien Supremo, lo cual excluye al Mal en forma terminante y necesaria [6]. Así, según la doctrina plotiniana el Mal no es sustancial, sino ausencia de ser. El Mal no sería una cosa sino la ausencia de otra cosa que es el Bien.

Algo así como un siglo y medio después de Plotino, esta idea es retomada por San Agustín quien, luego de abandonar su inicial maniqueísmo, [7] desarrolla y amplía el tema incorporándole al menos dos factores esenciales: el del libre albedrío otorgado por Dios al Hombre y el de la Caída, es decir: la desobediencia del Hombre al mandato de su Creador tal como está relatado en la narración de la desobediencia de Adán y Eva y la expulsión del paraíso terrenal.

En el pensamiento de San Agustín, el Mal puede adoptar tres dimensiones.

  • El Mal metafísico. Basándose en la metafísica de Platón, San Agustín argumenta que no existe el Mal cósmico. Si en ocasiones nos parece lo contrario es porque, si aplicamos un criterio egoísta y utilitarista, terminamos juzgando al Bien y al Mal desde la óptica de nuestras propias conveniencias inmediatas. Si algo nos es útil lo damos por bueno; si creemos que no nos conviene, lo damos por malo, siguiendo el criterio utilitarista ya mencionado.
    Lo que sucede es que, como los humanos no somos omniscientes, nuestro conocimiento del Cosmos es inevitablemente limitado. Fenómenos cósmicos que nos parecen "malos" son, en realidad, acontecimientos inmanentes a la Creación que es un Todo armónico y articulado en el cual nada carece de sentido y de razón de ser. Dado nuestro conocimiento limitado, simplemente sucede que no detectamos ese sentido en su totalidad y no entendemos esa razón de ser de un modo completo. Pero eso no quiere decir que Dios, al crear el Cosmos, le haya agregado a su Creación, por puro capricho, un Mal que podría ocasionar su destrucción. 
  • El Mal moral: que es el producto de una "mala voluntad" en el Hombre, es consecuencia del empleo incorrecto de su libre albedrío cuando antepone el hedonismo (vale decir: el mundo sensible y sus placeres ) al ejercicio de las virtudes que le garantizarían la trascendencia.
  • Y, finalmente, el Mal físico (dolor, enfermedades, muerte) que San Agustín entiende como consecuencias de la Caída [8] y del Mal moral. 
Unos ocho siglos después, otro gran teólogo de la Iglesia Católica – Santo Tomás de Aquino – sistematizó los principios de San Agustín y los desarrolló extensamente. Es imposible exponer aquí el pensamiento de Santo Tomás en detalle ya que ello requeriría, sin exagerar, no un libro entero sino muy probablemente más de uno. Solo podemos indicar que, así como San Agustín incorporó a la cultura cristiana católica buena parte del pensamiento de Platón, Santo Tomás hizo lo mismo con Aristóteles habiendo ambos aceptado el razonamiento central de Plotino, al menos como punto de partida.

De este modo se creó un enorme cuerpo filosófico y teológico que alimentó la cultura de Occidente durante muchos siglos. Todos los argumentos de esta extensa y profunda doctrina desembocan, finalmente, en la demostración que el Mal no reside, no puede residir, en Dios y que, por lo tanto, el Mal en el cosmos no puede emanar de su Creador. El Mal, según Santo Tomás, proviene principalmente de la ausencia o negación del Bien. Por lo tanto, no existe un summum malum, equiparable al summum bonum que es Dios.

Y en cuanto a la Paradoja de Epicuro, probablemente uno de los mejores argumentos que se le pueden oponer es el esgrimido por C.S.Lewis quien sencillamente (y no sin una buena dosis de sutil humor) se limita a señalar que a Dios se le pueden pedir muchas cosas, pero no se le pueden exigir disparates. Porque la omnipotencia de Dios:

".... significa poder hacer todo lo que es intrínsecamente posible, no lo que es intrínsecamente imposible. A Dios se le pueden atribuir milagros, pero no disparates; y esto no limita su poder. Si usted elige decir »Dios puede dar libre albedrío a una creatura y negárselo a la vez«, no ha logrado decir nada acerca de Dios. Las combinaciones de palabras sin sentido no adquieren súbitamente sentido por anteponerles las palabras »Dios puede«.  Que con Dios todo es posible continúa siendo verdadero; las imposibilidades intrínsecas no son más que inexistencias. El llevar a efecto dos alternativas que se excluyen mutuamente no es más posible para Dios que para la más débil de sus creaturas; no porque su poder encuentre obstáculos, sino porque el disparate sigue siendo disparate aun cuando nos refiramos a Dios." [9]

Filosofía y Metafísica


Mas allá del territorio de la teología podemos encontrar también concepciones interesantes en algunas filosofías dualistas. En varias de estas filosofías hallamos una observación notable y básicamente innegable: el Cosmos, el Universo, contiene un sinnúmero de polaridades opuestas que se mantienen en un equilibrio relativamente estable. Desde el microsistema del átomo con sus electrones de carga negativa girando alrededor de un núcleo de carga positiva, hasta los macrosistemas astronómicos de planetas que giran alrededor de soles, básicamente según el mismo principio; desde sistemas de reproducción sexuada de la vida con sus gametos masculinos y femeninos, hasta propiedades físicas duales tales como p.ej. frío-calor, estabilidad-inestabilidad, predictibilidad-aleatoriedad, estática-dinámica, etc. etc. los ladrillos mismos del Universo material parecerían venir en combinaciones de elementos opuestos en los que la presencia de un elemento ya nos haría sospechar la existencia de su contracara. De este modo, no es imposible concebir al frío, no ya como la ausencia sino como la contracara del calor, la estática como la alternativa opuesta a la dinámica, la estabilidad como un sentido favorable y la inestabilidad como un sentido opuesto al equilibrio y así sucesivamente.

En Occidente, el dualismo se halla presente en varias filosofías de la antigüedad griega. Se encuentra en la escuela pitagórica, muy probablemente tomada del Zoroastrismo persa, cuna del maniqueísmo teológico. Aparece en Anaxágoras con el nous [10] y el caos; en Leucipo y Demócrito con la noción del vacío y los "átomos" [11]; en Platón con la idea del mundo de las ideas y el mundo de la materia, idea que resurgirá en San Agustín. También aparece en Empédocles de Agrigento con su dualidad entre la amistad y el odio que es precisamente la que toma Aristóteles interpretándola como la bipolaridad del Bien y del Mal y que reaparecerá en la teología de Santo Tomás de Aquino 1600 años más tarde.

Interesante, también, es que el dualismo de las bipolaridades está presente en varios sistemas orientales – como p.ej. el budismo o el taoísmo – que normalmente se consideran religiones pero que en realidad de verdad, al carecer de una verdadera teodicea y de una teología en sentido estricto, más que religiones son filosofías de vida altamente espirituales.

Pero lo más interesante en todo caso, es que el fenómeno de la polaridad es detectable más allá del mundo físico tangible. El fenómeno de la bipolaridad "amigo-enemigo" detectada por Carl Schmitt en el ámbito político [12] después de haber hallado bipolaridades similares también en prácticamente todas las disciplinas humanas, es un reflejo de este fenómeno que está presente no sólo en lo físico sino incluso en el ámbito de lo meta-físico. No solo lo encontramos en cosas que se pueden ver, medir y tocar sino en fenómenos que no tienen una existencia material concreta y mensurable.

Por todas partes, especialmente en las áreas más importantes del saber, hallamos bipolaridades del tipo vida-muerte; verdad-mentira; realidad-irrealidad; cero-infinito; positivo-negativo; armonía-cacofonía; evolución-involución; florecimiento-marchitamiento... la lista es larga y en ella, como ya lo habrá adivinado el lector, es perfectamente posible incluir la bipolaridad del Bien y del Mal.

Por supuesto, no se trataría ya de dos dioses opuestos combatiéndose en forma permanente como lo proponía la teología maniquea. Muchos menos se trataría de la obra de un Dios malo como se lo llegan a imaginar ciertas sectas satánicas moralmente perversas. De lo que se trata es del concepto elaborado por algunas filosofías y expresado en la fórmula oriental del "ying-yang" que, dicho sea de paso significa "oscuro-radiante" o bien, si se quiere, tinieblas-luz.



A fin de manejar estos conceptos en forma adecuada, hay, sin embargo, algunas precisiones que deben ser tenidas en cuenta. Por de pronto, los términos de la dualidad no son excluyentes sino coexistentes siendo que, además, esta coexistencia está dada por una dependencia recíproca. En una cuestión de honor, la honestidad y la deshonra no existen por separado; la honestidad siempre estará amenazada por la deshonestidad que la menoscaba y la deshonra siempre estará mantenida a raya por la honestidad que le pone un freno. Ambos elementos no solamente forman parte de una misma cuestión sino que se hallan en una relación dinámica recíproca. Y la dualidad no desaparece ni siquiera en el supuesto caso de esa persona idealmente honesta que a algunas mentes románticas les gusta imaginar, porque la tentación del deshonor – o mejor dicho: la tentación de las ventajas inmediatas que pueden producir las acciones deshonrosas – siempre estará presente y requerirá una constante actitud de honestidad afirmativa incluso de parte de la persona más honesta del mundo.

Cuando Fouché [13] dijo que "todo hombre tiene su precio" su ironía quizás quiso dar a entender que todos somos esencialmente corruptos; algo que en clave de sarcasmo quizás no se discutiría pero todos sabemos que no es tan así. Además, la cita, puesta de este modo, está incompleta. La frase termina con "... lo que hace falta es saber cuál es" (ese precio). Y con eso nos aproximamos un poco más a la realidad porque algunos por $100 harían cualquier cosa que otros no la harían ni por $10.000.  Pero el que haría "cualquier cosa" por $100 quizás no haría algunas cosas puntuales ni por $1.000.000.  Con lo que resulta que quizás todos seamos corruptibles – en alguna medida y en cuanto a ciertas cuestiones – pero no todos somos absolutamente corruptos en cualquier medida y para cualquier cuestión. Quizás todos estaríamos dispuestos, en principio, a "retocar" un poco nuestras declaraciones juradas para pagar menos impuestos, pero ¿cuántos matarían a sus hijos o a su propia madre por dinero?

Resumiéndolo todo


Como puede apreciarse, el tema no es nada fácil. Posee muchas aristas y sutilezas nada simples ni sencillas de analizar. Uno lo comprende estudiando, por ejemplo, la muy buena obra "Enfrentar el Mal" de János Kékes  que comienza con la afirmación:

"Partiré de la base que el mal es un daño inmerecido infligido a seres humanos. Hay mucho más para decir a fin de precisar esta idea pero la fórmula – el mal como daño inmerecido – servirá como punto de partida."

Y después necesita todo un libro de 355 páginas para ampliar este "punto de partida". [14]

Con todo, hay al menos dos cosas a las que entiendo que valdría la pena prestar un poco de atención. Una es el libre albedrío con el que estamos dotados nosotros, los seres humanos, y que es una de las características – y acaso LA característica – que más nos diferencia de los animales. La otra es la bipolaridad metafísica detectable en todo el Cosmos.

En la metáfora del Jardín de Edén no es ninguna casualidad que el árbol de la "fruta prohibida" sea justa y precisamente el árbol del conocimiento del Bien y del Mal. Ni tampoco es casualidad que la alegoría sitúe ese árbol justo en medio del Jardín de Edén: "... Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles deleitosos a la vista y buenos para comer, y en medio del jardín, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal." [Génesis, 2,9]

Con  lo cual tendríamos en realidad dos árboles en el centro del jardín, pero dejemos eso de lado por el momento. La cuestión es que – otra vez, no por casualidad – la prohibición rigió justo y solamente para el árbol de la ciencia del bien y del mal: "Y Dios impuso al hombre este mandamiento: «De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás... »" [Génesis, 2,16-17]

¿Qué significa esto? Pensémoslo un poco. Tratemos de interpretar la esencia de la metáfora según la cual Dios crea al Hombre a su imagen y semejanza, lo pone en el Jardín de Edén y en el centro de ese jardín pone dos árboles – el de la vida y el de la ciencia del Bien y del Mal – prohibiéndole al Hombre comer de los frutos del segundo árbol.

¿Qué tenemos aquí? Tenemos a un Hombre creado a imagen y semejanza del Creador al que se le prohíbe comer un fruto. Si se le prohíbe, es porque podría comerlo... si quisiera. No tendría sentido prohibirle hacer algo a alguien que no puede hacer lo que se le prohíbe. Sería como si alguien me prohibiese a mí vivir bajo el agua como un pez o volar como un pájaro agitando los brazos. De modo que el Hombre fue creado con libre albedrío, es decir: podía elegir entre obedecer la prohibición divina y desobedecerla. Y todos sabemos en qué terminó la historia: Adán desobedeció. Pudiendo elegir entre la obediencia y la desobediencia, eligió la desobediencia.

Pero, además de tener un Hombre con libre albedrío, tenemos también un árbol de la ciencia del Bien y del Mal que directamente no tendría sentido si el Mal no existiera, del mismo modo en que tampoco tendría sentido la prohibición de comer de su fruto.  De esta forma a uno no le queda más remedio que admitir que el Mal preexistió a la Caída. Y si existió antes de la desobediencia del Hombre, no queda más remedio que asumir que el Mal – o lo que consideramos como "el Mal" – ha sido permitido por Dios en la Creación, sea por las razones que fueren y que solo Él sabe cuáles son. 

No es que hay dos dioses, uno bueno y otro malo como lo imaginaron los antiguos persas y lo retomó el cristianismo maniqueo. Hay un solo Creador y no es un Creador malo. Es un Creador justo. Creó un Cosmos que se mantiene en equilibrio dinámico gracias a sistemas de dualidades coexistentes; creó un Hombre con libre albedrío y, por lo tanto, con la capacidad de elegir entre cualquiera de los dos términos de un sistema dual. Y luego nos prometió que juzgará al Hombre según sus elecciones y su comportamiento. El Hombre del Génesis pudo elegir entre obedecer o desobedecer el mandato divino. Eligió desobedecer y la justicia divina lo sancionó por eso. La Caída no fue más – ni menos – que la consecuencia justa e inevitable de una elección equivocada por parte del primer Hombre.

Dios no es malo, es justo. Nos ha dado el libre albedrío para que podamos elegir. Ha creado sistemas duales o bipolares con lo que nuestra elección puede tener un mérito o un demérito. Y después nos juzgará de acuerdo a, precisamente, nuestros méritos y deméritos; de acuerdo a nuestras fortalezas y debilidades; de acuerdo a nuestras virtudes y nuestros vicios. ¿Puede haber algo más justo que eso?

Combatir el Mal


Con todo lo anterior, la gran pregunta de cómo hay que hacer para luchar contra el Mal tiene varias respuestas. Una de ellas, quizás algo parcial pero directa y práctica, nos dice que para mantener al Mal lo más controlado posible y lo más apartado posible de nosotros, lo mejor que podemos hacer es ejercer, en la mayor medida que podamos, las dieciséis virtudes que he tratado con cierta extensión en trabajos anteriores [15 ] y que forman parte indisoluble de la tradición ética, moral y cultural de Occidente. 

Practicando el honor podemos librarnos del deshonor; ateniéndonos a la verdad nos alejamos de la mentira; siendo leales evitamos la deslealtad y la traición; procediendo con disciplina evitamos el desorden;  manteniendo la perseverancia nos libramos de los males de la inconstancia.

Dedicándonos a la laboriosidad del trabajo nos alejamos de la esterilidad de la haraganería ociosa; afirmando nuestra libertad evitaremos el destino de los esclavos; defendiendo nuestra libertad y nuestras verdades con valentía no caeremos en la ignominia de la cobardía y practicando la solidaridad con verdadera caridad combatiremos no solo el desamparo y la indiferencia sino incluso la enfermedad del materialismo clasista.

Por otro lado, cultivando la sabiduría de la prudencia sabremos distinguir justamente el Bien y el Mal y nos alejaremos de la insensatez.  Ejerciendo la equidad en materia de justicia no incurriremos en la iniquidad de lo injusto. Desarrollando la fortaleza de nuestra valentía nos aseguraremos de reducir al mínimo la posibilidad del fracaso de nuestros propósitos y adoptando la templanza en nuestros deseos y placeres tendremos la suficiente sobriedad como para no caer en el hedonismo y en la compulsiva persecución de lo superfluo.

Finalmente, la fe le dará un sentido elevado a nuestra vida y nos protegerá del descreimiento y de las relativizaciones abusivas. La esperanza nos abrirá las puertas de la trascendencia y nos protegerá de la desesperación. Y la caridad hará que nuestra solidaridad sea sincera con lo que nos alejaremos del egoísmo y la hipocresía.

Aun cuando este enfoque no agota el tema por completo, en muchos sentidos

el Mal no es sino la consecuencia de la violación de una virtud.

Por eso es que una de las mejores y más directas formas de enfrentar el Mal es cultivando nuestras virtudes. Porque de eso depende el predominio del Bien.

No estará en nuestro poder destruir el Mal para siempre. Pero por un lado, con el libre albedrío que nos ha concedido el Creador, podemos no elegirlo.  Y si actuamos con valentía, sabiduría y perseverancia, podremos también evitar el ser gobernados por personas que sí lo han elegido.

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NOTAS


1)- "Ecléctico" viene del griego ἐκλεκτικός (eklektikos), que significa literalmente "elegir el mejor" y de ἐκλεκτός (eklektos), que quiere decir "escogido", "elegido". La idea general es no desechar  escuelas de pensamiento diferentes en favor de una sola sino de elegir lo mejor de cada escuela y tratar de armar con ello un todo coherente. Utilizado con precaución y en su sentido original, es un buen método para rescatar lo que tienen de valioso propuestas que, consideradas en su totalidad, pueden ser disímiles. En su versión desmedida y exagerada, sin embargo, se pierde la condición de coherencia y lo que se obtiene es solamente un conjunto contradictorio de ideas contrapuestas.

2)- Savater, Fernando, "Ética para Amador", pág. 6  (Cf. http://blocs.xtec.cat/enraonar/files/2011/08/Etica-para-Amador.pdf   Consultado 14/10/2017 Los resaltados son del autor.

3)- Weber, Max: "La Política como Profesión" Cf. https://drive.google.com/file/d/0B6QXUcoelzmpeVkteHAwMkxya2M/edit

4)- Y digo "casi" porque, en realidad, la esencia de Dios no tiene por qué sujetarse a las reglas de nuestra lógica humana.

5)- Epicuro (filósofo griego 341-270 AC). 

6)- Puesto que, en el caso contrario, el Bien no sería Supremo y el Uno sería insosteniblemente contradictorio ya que albergaría en su ser la posibilidad de su propia destrucción.

7)- El maniqueísmo proponía la existencia de dos Dioses contrapuestos y en constante lucha entre sí. Según esta creencia, el Dios del Bien y el Dios del Mal se estarían disputando el control del mundo. San Agustín, aun cuando al principio se sintió atraído por la idea, terminó rechazándola porque: "La lucha entre las tinieblas y Dios no tiene razón de ser; una de dos: o las tinieblas le pueden hacer algún daño a Dios, y en este caso no sería incorruptible, o no le pueden hacer absolutamente nada , y en este caso la lucha es inútil"
[Cardona Sanchez, Carlos Agustinismo en 20 lecciones Bogotá, Kimpres,2003, p.82 - En Walter Albrecht Lorenzini, El problema del mal en San Agustín, p.2 - Cf. https://es.slideshare.net/Peregrinante/el-problema-del-mal-en-san-agustn]

8)- El Pecado Original luego del cual recién aparecería el Mal físico y el Mal moral.

9)- C.S.Lewis (El problema del Dolor - HarperCollins Español, 2014)

10)- Intelecto, espíritu, inteligencia en la filosofía griega.

11)- Aunque sorprenda a algunos, ya en la Grecia antigua podemos hallar la teoría atómica en versión embrionaria.

12)- Schmitt, Carl El Concepto de lo Político  Cf. Lanuevaeditorialvirtual.blogspot.com (https://drive.google.com/file/d/0B6QXUcoelzmpMGlMUHplWFFSR3c/edit)

13)- Joseph Fouché (1759-1820) - Ministro de la Policía de Napoleón durante los períodos 1799-1802 y 1804-1811.

14)- Cf. János Kékes, "Enfrentar el Mal", www.lanuevaeditorialvirtual.blogspot.com, 2014.
 https://drive.google.com/file/d/0B6QXUcoelzmpMFh5T0pqODRNZTQ/edit

15)- Denes Martos,
"El Camino y las Virtudes"
https://denesmartos.blogspot.com.ar/2017/10/el-camino-y-las-virtudes.html
"Las Nueve Nobles Virtudes"
https://denesmartos.blogspot.com.ar/p/blog-page.html


domingo, 19 de noviembre de 2017

¿GUERRA O TRAGICOMEDIA NUCLEAR?

Dios creó la guerra
para que los norteamericanos
puedan aprender geografía.
Mark Twain

Solo los muertos han visto
el final de la guerra
Platon

Hubo momentos en que la cosa pareció una de esas típicas peleas que se armaban cuando éramos (muy) chicos y en la canchita de fútbol los gallitos de las dos patotitas opuestas amenazaban con agarrarse a las trompadas por un penal discutible o una patada medio dura: "¡Salí de ahí, gordo puto!" - "¡Sacame si sos macho!" - "¡Vení que te muestro lo macho que soy!" - "¡Qué vas a mostrar, cagón, si no tenés con qué!".... y etcétera, etcétera, etcétera, hasta que la cosa terminaba, o bien en una trifulca generalizada, o bien en una de cascotazos, o bien los insultos seguían y al final no pasaba nada fuera de ese eterno recurso del "agarrame que lo mato".

La diferencia es que nosotros en ese momento teníamos cosa de 10 a 12 años, como mucho, y tanto Donald Trump (71) como Kim Jong-un (34) ya son bastante grandecitos como para andar con esas chiquilinadas. Sin embargo, parecería ser que la edad biológica de algunos supuestos líderes políticos no correlaciona demasiado bien con su edad mental.


En respuesta a un discurso de Trump pronunciado en Corea del Sur a principios de Noviembre, Kim le ordenó a su ministro de Relaciones Exteriores que diga: "Comentarios atolondrados de un viejo lunático como Trump nunca nos amedrentarán ni frenarán nuestro avance". [1] A lo cual, ni corto ni perezoso, Trump se mandó en Twitter con: "¿Por qué Kim Jong-un me insultaría llamándome 'viejo' cuando yo NUNCA lo llamaría 'petiso y gordo' ?"  [2] Con lo cual es obvio que a Trump le disgustó lo de "viejo" pero se bancó lo de "lunático" sin chistar. En fin .... cada uno es dueño de elegir el insulto al cual quiere contestar; pero no debería olvidar que el que calla, otorga.

La cosa no rebasaría los límites de lo tragicómico si no fuera por el hecho que estos dos insignes caballeros están jugando con fuego. Desde luego aclaro que no necesariamente es para tomarlo a la tremenda porque ninguno de los dos personajes es tan libre e independiente como parece. Pero cuando se trata de una competencia entre dos ególatras más o menos emocionalmente inestables -- sobre todo si están impulsados por unos bastante mal disimulados complejos de inferioridad -- los resultados pueden ser sumamente impredecibles.

Eso es lo que comienza a preocupar a algunos militares y a varios legisladores demócratas norteamericanos que nunca consiguieron tragarse el sapo que significó la derrota electoral de Hillary Clinton. Y, seamos justos, unos cuantos republicanos tampoco han conseguido deglutir todavía el sapo que les significó el triunfo de un patotero advenedizo como Donald Trump. Aun cuando el patotero surgiese de sus propias filas, ningún republicano con experiencia política esperaba sinceramente que Trump iría a ganar. Nadie consiguió prever (y me incluyo, como mis lectores recordarán) que el elector norteamericano, a pesar del enorme montón de dinero inyectado en la campaña de Hillary, terminaría votando como votó.

Seguramente fue a raíz de esta preocupación que el Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano se reunió el martes 14 de Noviembre pasado para analizar la situación y escuchar la opinión de varias personas que están al tanto de los procedimientos instituidos para el empleo de las armas nucleares durante un conflicto bélico. Fue la primer audiencia para tratar la autoridad nuclear del presidente norteamericano en más de cuatro décadas. El resultado, en parte contradictorio, fue bastante frustrante.

El general retirado Robert Kehler, jefe del Comando Estratégico norteamericano entre 2011 y 2013,  intentó poner algo de paños fríos sobre la inquietud declarando que las FF.AA. norteamericanas están obligadas a cumplir las órdenes legales pero no las ilegales, puntualizando que "los principios legales de necesidad militar, diferenciación y proporcionalidad se aplican también al empleo de las armas nucleares." [3] Lo cual implicaba que el Comando Estratégico podría controlar las fuerzas nucleares en caso de guerra. Más aún: ante la pregunta del senador Ben Cardin sobre si eso significaba que el Comando Estratégico podía negarse a cumplir la orden presidencial si ésta no cumplía con los requisitos de proporcionalidad y legalidad, Kehler respondió afirmativamente.

El problema de lo señalado por Kehler es que es cierto, pero hasta por ahí nomás. ¿Qué es una orden "proporcional y legal"? Si el presidente de los Estados Unidos decide disparar armas nucleares, incluso de forma preventiva, y la decisión no es MUY manifiestamente una locura, la orden ES legal y lo de la "proporcionalidad" podría llegar a discutirse hasta el día del Juicio Final.

De hecho, LEGALMENTE no hay nadie que pueda impedir el lanzamiento. No lo puede hacer el Congreso, tampoco el Secretario de Defensa. Tampoco los militares que deben ejecutar la orden. El vicepresidente Dick Cheeney lo explicó claramente en Diciembre de 2008. El presidente de los Estados Unidos "...podría lanzar una clase de ataque devastador nunca antes visto. No necesita la autorización de nadie. No necesita llamar al Congreso. No necesita la autorización del Poder Judicial." [4]

Y la capacidad de control por parte el Comando Estratégico mencionada por el general Kehler es muy escasa si es que, en el marco de sus atributos normales, existe en absoluto. Según el testimonio de Bruce Blair, un ex oficial de lanzamientos de misiles, "... aun si un general de cuatro estrellas, comandante de fuerzas nucleares, creyera que una orden de lanzamiento presidencial es ilegal, no podría detenerla porque la orden le llega a él y simultáneamente también a los equipos de lanzamiento sobre el terreno. Ese comandante podría intentar anular la orden presidencial enviando una contraorden de finalización del lanzamiento. Pero sería demasiado tarde." [5]


Es que el sistema, por necesidad lógica, está diseñado para la rapidez, no para el debate. Los misiles de largo alcance de Rusia disparados desde tierra firme pueden llegar a los EE.UU. en unos 30 minutos. Disparados desde un submarino más cerca de las costas norteamericanas tardarían la mitad de ese tiempo. Descontando los pasos puramente administrativos, el presidente norteamericano tendría menos de 10 minutos para analizar la información disponible, considerar sus opciones y tomar su decisión. [6] Una vez emitida, no hay forma de revertir una orden presidencial. Tampoco se pueden recuperar los misiles una vez lanzados.

Tomando un poco de distancia del tema puntual del control de las armas nucleares, lo que más se destaca en el análisis es la constante, prácticamente ininterrumpida, dura y hasta agresiva campaña de desprestigio con que el propio establishment norteamericano insiste en atacar a Trump. El hombre no será un maestro en el arte de la sutileza; tampoco un gran diplomático y menos todavía una persona sabia, tranquila, razonable y equilibrada. A decir verdad, tiene el típico carácter del fanfarrón norteamericano siempre dispuesto a hacerse respetar a las patadas, a las trompadas o incluso a los tiros. Todo eso es muy cierto, pero no es -- no puede ser -- tan estúpido como algunos de sus propios compatriotas lo quieren hacer aparecer. Si lo fuese, jamás habría ganado los -- literalmente -- miles de millones que ganó y nunca habría llegado a tener la fortuna que tiene. [7]  El tipo podrá ser insoportable y hasta ridículo en cierto sentido. Pero no es ningún idiota.

Lo que sucede es que está en un lugar que no estaba previsto para él y está haciendo (o al menos intentando hacer) cosas que no figuraban en el libreto original. Como señalábamos al principio, el lugar estaba reservado para Hillary Clinton y el libreto incluía sostenimiento de la alianza con Israel, profundización de la participación en los conflictos de Medio Oriente con miras a doblegar a Irán, distanciamiento de Moscú y generación de tensiones controladas para mantener a raya a China.

De este libreto, Trump -- precisamente porque no es tonto y está (literalmente) familiarizado con el lugar de donde sopla el viento del poder -- ha cumplido con el mantenimiento de las "relaciones carnales" de los EE.UU. con Israel. No ha terminado con la participación en los conflictos de Medio Oriente, pero convengamos en que la ofensiva anti-ISIS, si bien razonablemente exitosa, descansa más sobre las espaldas del ejército iraquí que en el involucramiento directo de tropas norteamericanas en situaciones de riesgo siendo que, además, por lo menos de la mitad de esa lucha se encargan los rusos que hacen algo muy similar con las tropas sirias de Bashar Al-Assad. Con lo cual se explica bastante bien que Trump no quiera tocar sus tambores de guerra ante Putin y tampoco quiera involucrarse demasiado en ofensivas contra Irán y Paquistán, países cuyos lazos con los chinos están en un fortalecimiento constante.

Mirándolo desde la estructura del Poder Real que gobierna a los EE.UU. Trump no está haciendo bien los deberes. Ese Poder Real necesita el dominio pleno de Medio Oriente, necesita meter una cuña entre Rusia y China y necesita, sobre todo, recuperar las posiciones de poder que Xi Jinping y Vladimir Putin le han ido esmerilando durante los últimos años. De otro modo, se acabó el mundo unipolar con hegemonía norteamericana surgido después del colapso soviético y volverá a aparecer un mundo bipolar, o tripolar y hasta multipolar si el proceso se descontrola.

Ante esto ¿qué puede hacer el Poder Real que opera desde los EE.UU.? La idea -- o quizás sería más correcto decir: el deseo -- del establishment es tratar de deshacerse de Trump lo más rápido posible. Sí, pero no es tan fácil. Se le podría dar el mismo "tratamiento" que le dieron a Abraham Lincoln, James A. Garfield, William, McKinley y John F. Kennedy pero ese proverbial "loco solitario" que siempre se encargó de matar a ciertos presidentes norteamericanos particularmente urticantes no se consigue en cualquier supermercado. Hay un montón de ellos sueltos por la calle disparándole a cualquier cosa, desde públicos de recitales de música hasta alumnos de escuelas y universidades. Pero una cosa es que existan y otra muy distinta es "orientarlos" a matar a un presidente sin que los "orientadores" dejen estampadas sus huellas digitales. Como alternativa, se le podría dar el tratamiento que le dieron a Nixon, pero armar un Watergate tampoco se hace de la noche a la mañana, sobre todo si Trump no comete un error que justifique un impeachment. Sí. Decididamente, no es fácil. Aunque más no sea porque algunos de estos métodos utilizados en el pasado ya no resultarían demasiado creíbles.

Una idea pudo haber sido darle algo de soga a Kim Jong-un para que lance un par de provocaciones especulando con que, si Trump no contesta, los medios podrían dado el caso etiquetarlo de cobarde (y no hay peor insulto para un fanfarrón norteamericano que el ser llamado "cobarde"). Porque, si no quiere pasar por cobarde, Trump tendría que ordenar un ataque y allí se abriría la opción de la desobediencia analizada por el Comité de Relaciones Exteriores del Senado -- que no por casualidad se reunió justamente para considerarla.


Solo que esa "desobediencia debida" tendría que estar muy bien preparada de antemano ya que una orden presidencial de esa clase, como hemos visto, con el actual procedimiento no se puede desobedecer ni revertir. Existe (en teoría) la alternativa de cambiar el procedimiento por ley pero difícilmente se opte por ese camino. Por un lado, los legisladores demócratas saben que, si cambian la legislación para atarle las manos a Trump, inevitablemente también le atarán las manos al próximo presidente. Por el otro lado los republicanos no estarán muy contentos con Trump pero tampoco dejan de hacer el mismo cálculo. Y mucho menos la limitación de la facultad de pulsar el botón nuclear le agradaría el Poder Real. Bob Corker, republicano, presidente del mencionado Comité del Senado lo ha dicho bien clarito: "No veo una solución legislativa actualmente." [8] 

¿Qué opción se podría considerar entonces?

Asómbrense ustedes: si en este contexto hubiera que frenarlo violentamente a Donald Trump, el modo más expeditivo sería un golpe de estado al más auténtico estilo sudamericano llevado a cabo por unas fuerzas armadas sublevadas cuyos mandos superiores e intermedios se negarían a cumplir una orden presidencial relativa a un ataque nuclear.

Lo realmente irónico sería que, para asesorarse debidamente sobre cómo se hace una cosa así, a los yanquis se les ocurriese pedir asesoramiento a algunos militares argentinos. Porque, lamentablemente para ellos, los verdaderos expertos argentinos, especialistas en golpes militares bendecidos por el Departamento de Estado -- Lonardi, Aramburu, Rojas, Onganía, Lanusse, Videla et all --   están todos muertos. Los muchachos del Pentágono no tendrían más remedio que solicitar el consejo de algún militar africano, como, por ejemplo, el general Constantin Chiwenga de Zimbabwe.

¿Un golpe militar "a la sudamericana" en los Estados Unidos? ¿Es serio esto? ¿Es probable? ¿Es posible?

Vayamos por partes. No. No es serio. Si vamos al caso, tampoco creo que sea demasiado probable. Ahora, en cuanto a que si es posible... considerando la estupidez, la irracionalidad y la histeria generalizada que parecen haberse apoderado del mundo actual, uno estaría tentado de decir que cualquier cosa es posible. Incluso -- y quizás hasta especialmente -- en los EE.UU. en donde la última moda parecería ser la de jugar a los jueguitos electrónicos pero con armas de verdad y víctimas de verdad.

Además, uno también  está tentado de preguntar: ¿por qué lo toleramos? Aunque ésa no sería la pregunta adecuada. La pregunta correcta sería: ¿por qué no podemos impedirlo? La conducción de los asuntos públicos en muchos países está mayoritariamente en manos de unos cretinos corruptos, incapaces, paranoicos, codiciosos, amorales o neuróticos. Varios de ellos sacrificarían sin el menor remordimiento a la mitad de la humanidad con tal de salvar su posición de poder y la de la minoría a la que pertenecen.

Y, si decidieran hacerlo, ¿cómo haríamos para impedirlo?

Por ahora todo esto más parece un sainete que un drama. Pero lo que le quita gracia al sainete es el hecho que en cualquier momento puede convertirse en tragedia.

Por desgracia, si nadie hace nada, eso es exactamente lo que tarde o temprano va a suceder.



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NOTAS
1)- Los Angeles Times: http://www.latimes.com/politics/la-pol-updates-everything-president-trump-taunts-kim-jong-un-on-twitter-i-1510450639-htmlstory.html
2)- The Washington Post: https://www.washingtonpost.com/news/worldviews/wp/2017/11/11/north-korean-insults-to-u-s-leaders-are-nothing-new-but-trumps-deeply-personal-reactions-are/?utm_term=.856a0e7f72fb
3)- Independent: http://www.independent.co.uk/news/world/americas/donald-trump-north-korea-crisis-nuclear-weapons-us-military-duty-refuse-illegal-instructions-war-a8055991.html?S2ref=696322
4)- Independent, Ibid.
5)- Independent, Ibid.
6)- Amy Woolf, especialista en armas nucleares, Informe al Servicio de Investigación del Congreso (Congressional Research Service)  Diciembre 2016. 
7)- Donal Trump es el primer presidente bi-llonario de los EE.UU. Forbes calcula su fortuna en 3,1 billones de dólares. (U$S 3.100 millones)  https://www.forbes.com/profile/donald-trump/
8)- The Washington Post. Ibid.





viernes, 27 de octubre de 2017

OCTUBRE


En 1945, después de la Segunda Guerra Mundial, Hungría pasó a formar parte de los territorios ocupados por la Unión Soviética. Cuatro años después, el inestable equilibrio político del país quedó definitivamente alterado cuando los comunistas – cuya representatividad política real no pasaba de un muy módico 17% – se adueñaron completamente del poder bajo la dirección de Mátyás Rákosi y el obvio respaldo de Moscú.

Luego de siete largos años de rígida dictadura comunista, el 23 Octubre de 1956 una manifestación estudiantil encendió la mecha de lo que sería una de las rebeliones más sangrientas de la Historia. Stalin había muerto tres años antes y en Marzo de ese mismo año de 1956 Nikita Khrushchev había pronunciado ante el XX Congreso del Partido Comunista su famoso discurso criticando al otrora hombre fuerte de la URSS con lo que se despertaron expectativas de una apertura del régimen hacia formas menos dictatoriales.

Se había iniciado la "desestalinización" del comunismo soviético. La represión comenzaba a debilitarse en Rusia y los líderes comunistas de los países satélites – como Wladislaw Gomulka en Polonia, o Imre Nagy en Hungría – creyeron llegado el momento de, al menos, aligerar en algo la presión que la URSS ejercía sobre Europa Oriental.

Desatada y en buena medida conducida por estudiantes e intelectuales, la Revolución Húngara de 1956 comenzó espontáneamente como corolario de la apertura polaca. Sin embargo, los soviéticos consideraron que, si bien habían podido retener el control real sobre Polonia, en el caso húngaro podían llegar a perderlo. En consecuencia, mandaron sus tanques y, literalmente, ahogaron la revolución en sangre. Los revolucionarios húngaros, a pesar de su manifiesta inferioridad de condiciones, pelearon con un valor y una determinación que sorprendió al mundo entero. Combatieron contra toda esperanza en una lucha de victoria imposible, incluso después de pedir desesperadamente ayuda a un "Mundo Libre" que los había alentado con las transmisiones de la radio Free Europe desde Munich pero que luego consideró más importante al conflicto del Medio Oriente cuando Israel, Francia e Inglaterra atacaron a Egipto el 29 de Octubre de 1956 abandonando así a Hungría a su propia suerte.

Para principios de Noviembre de 1956 resultó evidente que la batalla estaba perdida y no fue sino 33 años más tarde, que Hungría recuperaría su libertad. Desde la perspectiva de los años transcurridos sin embargo, la Revolución Húngara no fue en vano. Fue una de esas derrotas gloriosas a las que buena parte de la humanidad le debe más que a las victorias inmerecidas. Constituye la primer fisura seria en el sistema comunista creado después de aquella otra Revolución de Octubre que tuvo lugar en Rusia, en 1918, encabezada por Lenin y Trotsky, y cuyo colapso definitivo comienza el 9 de Noviembre de 1989 con la destrucción del Muro de Berlín.

El 9 de Noviembre. Apenas 9 días después del fin de otro Octubre.

Al lado de las banderas tricolores
tres juramentos pongamos:
uno de llorar con lágrima pura,
y otro de odio a los tiranos,

y para ti, pequeño país, sea el tercero:
que entre los vivos no lo olvide nadie;
la libertad nació un día señero
cuando en Budapest de sangre se tiñó la calle.
Lajos Tamási(1923-1992)


domingo, 8 de octubre de 2017

EL CAMINO Y LAS VIRTUDES


El enemigo está adentro;
es contra nuestra propia lujuria,
nuestra propia locura, nuestra propia criminalidad
contra la que tenemos que luchar.
Marco Tulio Cicerón

¿Qué es una virtud?

Toda cultura se basa en última instancia sobre ciertas virtudes, ordenadas según una escala de valores de acuerdo con la cosmovisión de las personas que la sustentan. De allí es que, para iniciar el camino de la recuperación de las virtudes y los valores fundacionales de Occidente, lo primero que hay que entender en absoluto es el concepto de "virtud".

La Areté griega
Excelecia o Virtud
La virtud es una constante y firme determinación a hacer el Bien. Le permite a las personas no sólo realizar buenas acciones en beneficio propio y de la comunidad a la que pertenecen, sino que también las habilita a dar de sí lo mejor que pueden dar. Con todos sus poderes físicos y espirituales, la persona virtuosa luchará por el Bien por lo que, si es necesario, enfrentará al Mal allí donde lo encuentre, con decisión y sin compromisos ni claudicaciones.

Las virtudes humanas constituyen actitudes firmes, tendencias confiables, perfeccionamientos constantes de la mente y de la voluntad que gobiernan las acciones. En una primera instancia regulan las pasiones y guían el comportamiento según las conclusiones racionales de la moral y la ética. En una instancia superior, orientan la vida ya sea según los principios de la metafísica, ya sea según los mandatos de la fe, ya sea según ambas guías en forma simultánea.

Las virtudes otorgan a las personas facilidad, seguridad y entusiasmo para llevar una vida moralmente buena. Son frutos y, al mismo tiempo, fuentes de buenas obras morales que ordenan a todas las fuerzas humanas para que se manifiesten en armonía con el Orden Natural.

El hombre virtuoso hace el bien de forma voluntaria aunque no sin esfuerzo. Las virtudes morales se adquieren a través del esfuerzo puesto en la actitud y en la acción. Aumentan merced al conocimiento, merced a la experiencia que otorgan las acciones conscientemente decididas y merced a una tenacidad constante aplicada a hacer buenas obras nacidas de una actitud buena. De este modo una virtud no solo hace buena a la acción de una persona sino que hace moralmente buena a la persona misma.

En este sentido, algo que de alguna manera y por razones muy complejas hemos ido perdiendo por el camino es esta noción profunda de la moral. Ya a principios del Siglo XIV, Eckhart de Hochheim – más conocido como el "Maestro Eckhart" – señalaba que las personas deberían pensar menos en lo que deben hacer y más en lo que deben ser. Lo cual por supuesto no significa que las buenas obras son superfluas. Como veremos más adelante cuando mencionemos la virtud teologal de la Fe, la buena obra de la buena persona tiene muchísimo más valor que esa misma buena obra realizada por un malvado que hace buenas obras simplemente para disimular o disculpar su maldad.

Con el correr de los siglos, la doctrina moral y, sobre todo, la docencia moral han ido perdiendo casi por completo su profundidad y vigencia. En la actualidad, incluso quienes intentan sinceramente ser buenas personas relacionan la moral con una doctrina del hacer y, sobre todo, del no-hacer; de lo permitido y lo prohibido. Muy pocos se dan cuenta de que la moral y la ética obviamente deben mencionar las acciones, las obligaciones, los mandatos y las transgresiones pero, en lo profundo y esencial, ambas disciplinas se refieren fundamentalmente al verdadero ser de la persona; es decir: al verdadero ser de la persona buena.

A los efectos prácticos, una verdadera virtud más que un propósito es un hábito. Es una pre-disposición permanente de la voluntad hacia el Bien tendiente a perfeccionar los talentos y las capacidades del hombre bueno impulsándolo a realizar obras buenas.

Sin embargo, ese hábito virtuoso no nos cae del cielo aun cuando la fe lo puede fortalecer gracias a un don especial. Por regla general, a las virtudes las hacemos nuestras a través del aprendizaje, los actos deliberados y el esfuerzo constante. Una vez arraigadas en el espíritu, las virtudes le permiten a las personas dar lo mejor de sí con facilidad, con seguridad e incluso con alegría.

Las nueve nobles virtudes básicas

Para que la vida comunitaria sea posible en absoluto, toda sociedad necesariamente debe hallar la forma de establecer la vigencia de una serie de virtudes básicas y elementales sin las cuales ni la convivencia social es posible ni el objeto de la sociedad se cumple. Estas virtudes, conocidas desde la más remota antigüedad y reflejadas directa o indirectamente en múltiples codificaciones normativas, constituyen el sustrato mínimo sobre el cual se han construido todas las sociedades realmente funcionales. [1]

Para enumerar las virtudes tradicionalmente vigentes en Occidente podemos comenzar por el honor que es la base del respeto mutuo entre las personas ya que el honor de una persona consiste en ser lo que es y en ser reconocido y respetado por lo que es. A su vez toda persona con honor tiene el deber de atenerse a la verdad. De ser veraz. Y el ser veraz no necesariamente presupone conocer y entender la verdad absoluta de todas las cosas. Significa, simplemente, reconocer, aceptar y afirmar lo que es, tal como se percibe y se entiende, sin subterfugios ni distorsiones engañosas. A su vez, a las personas de honor comprometidas con la verdad debe unirlas el lazo invisible pero indestructible de la lealtad para que puedan hacerle frente en forma mancomunada a las fuerzas que promueven la falsedad y la mentira. Y en esa lucha contra las fuerzas negativas que siempre tienden a desgarrar el cuerpo social por la confrontación estéril de antagonismos egoístas, deben imperar la disciplina y la perseverancia ya que sin estas virtudes, o bien no se llega al objetivo, o bien se pierde mañana lo que se ha conquistado hoy.

Y la provisión de las necesidades humanas concretas y básicas – alimento, vivienda,  vestimenta, educación, seguridad y salud – requiere trabajo. Una actividad que, con  sus aportes positivos, aumenta las posibilidades concretas de acción y de opción con lo que aumentan correspondientemente los grados de libertad posibles dentro de una sociedad dada. Y a esa libertad hay que defenderla con valentía frente a los posibles ataques externos ya que ninguna sociedad humana existe en el vacío y la posibilidad del surgimiento de un enemigo externo nunca está descartada. Pero, para que esa defensa sea también efectiva, no solamente debe disponer de los medios necesarios dispuestos en determinada estructura y estrategia. Además de ello, debe involucrar a todos los miembros de la sociedad en un marco de solidaridad mancomunada; un valor que, en última instancia, nace de la conciencia plena de compartir (y de querer compartir) una misma unidad de destino con todos los demás miembros de la sociedad.

Estas nueve virtudes, que hemos recibido como herencia tradicional de las sociedades occidentales iniciales, constituyen la base elemental, natural y necesaria a la organización social ya que regulan y norman el comportamiento social de las personas manteniéndolo dentro de los límites necesarios al orden fundamental que la propia naturaleza humana exige.

Sin ellas no hay sociedad estable posible. Sobre ellas, asegurando su vigencia de la mejor manera humanamente factible, se puede construir una sociedad estable. Y, con el agregado de otras virtudes normativas, se pueden seguir construyendo desarrollos aun más avanzados de cultura y civilización.

Las cuatro virtudes cardinales

En Occidente, la filosofía grecorromana [2] le agregó cuatro virtudes a las nueve nobles virtudes básicas tradicionales que sirvieron de cimiento a la moral y a la ética del período pre-cristiano.

Uno de los problemas actuales con estas virtudes es su denominación. Habitualmente se las enumera como Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza [3], palabras que no son sino traducción prácticamente directa de términos procedentes del latín y que hoy se prestan bastante a confusión porque estos términos ya no son interpretados en el sentido que originalmente tenían las palabras latinas de las cuales proceden. En realidad, no es que la traducción esté mal hecha – que no es el caso en absoluto. Lo que sucede es que a esos términos muchísima gente hoy les adjudica un significado distinto.

"Prudencia" proviene del latín prudentïa que significaba la capacidad para discernir  y distinguir lo bueno de lo malo a fin de seguir lo primero y evitar lo segundo. En el contexto de las virtudes, no significa cautela, reticencia o pusilanimidad por exceso de precaución.  El término "Justicia" proviene de iustitïa que implicaba darle a cada uno lo que le pertenece y no necesariamente se refería tan solo al Derecho y a las leyes. A su vez, "Fortaleza" proviene de fortalitia que implicaba fuerza y vigor, pero no solo referidas a la fuerza física y al vigor corporal sino a la fortaleza de espíritu y al vigor de la capacidad de decisión. Finalmente "Templanza" procede de temperantia, que significaba la capacidad de dominar los impulsos de los sentidos ("apetitos") sujetándolos a la razón y a la voluntad. [4]

Como vemos, existen muchos matices que pueden llamar a engaño y confusión. En consecuencia dejemos lo siguiente en claro:
  • La Prudencia tiene que ver con la Sabiduría que, según la RAE es "El grado más alto del conocimiento"; o un "conocimiento profundo en ciencias, letras, o artes". Es una virtud emparentada con la cordura, la sensatez y el buen juicio.
  • La Justicia se refiere a la Equidad que, otra vez según la RAE es  "....la propensión a dejarse guiar, o a fallar, por el sentimiento del deber o de la conciencia, más bien que por las prescripciones rigurosas de la justicia o por el texto terminante de la ley" y también " Disposición del ánimo que mueve a dar a cada uno lo que merece".
  • La Fortaleza, como virtud, implica Valentía y significa firmeza, constancia y tenacidad disciplinada en el logro de un propósito determinado.
  • Finalmente, la Templanza se relaciona con la Sobriedad que significa "... moderación y carencia de preocupación o fuerte deseo por lo superfluo".
Para completar el concepto nada mejor que recurrir a un verdadero especialista en la materia. Según Josef Pieper [5] y entendiendo la "perfección" dentro de los límites de lo humanamente factible:
"La virtud es una «capacidad perfecta» del Hombre como persona espiritual. La Justicia, la Fortaleza y la Templanza alcanzan su «perfección» como «capacidad» del Hombre entero sólo cuando se basan en la sabiduría, es decir, en la «capacidad perfecta» para la decisión correcta. Sólo a través de esta «capacidad perfecta para decidir» se elevan al Bien las inclinaciones instintivas. Recién la Sabiduría completa la acción impulsiva e instintivamente correcta. Ella es la que dirige las «predisposiciones» naturalmente buenas hacia la virtud real, es decir: hacia el modo verdaderamente humano de la «capacidad perfecta»". [6]

Prudencia

La Prudencia entendida como sabiduría, es la virtud mediante la cual la razón práctica puede discernir el verdadero bien y los medios rectos para realizarlo. Siguiendo a Aristóteles, santo Tomás de Aquino afirma que la Prudencia es la “regla recta de la acción”. También se la considera como el auriga virtutum; el "conductor" de las demás virtudes a las cuales les indica regla y medida.

La Prudencia nos enseña a considerar las cuestiones sine ira et studio  – sin odios y sin parcialidades, favoritismos o prejuicios – analizando los "pro" y los "contra" de manera objetiva; escuchando a los más sabios, considerando con sinceridad sus consejos y todo ello tratando de hacer el mayor bien y el menor daño posible. La prudencia no implica proceder con un exceso de cautela, en forma timorata, sin energía o sin decisión. Significa no proceder de manera irresponsable y atolondrada, manteniendo siempre el espíritu crítico.

La sabiduría es la guía directa del juicio de conciencia. El hombre sabio determina y ordena su comportamiento según este juicio. Gracias a esta virtud, aplicamos los principios morales a las situaciones individuales sin error y superamos las dudas sobre el Bien a hacer y a defender,  y el Mal a evitar y combatir.

El Hombre sabio no es aquél que solo sabe mucho; ése es el erudito. El Hombre sabio es el Hombre bueno que sabe mucho.

Justicia

La Justicia es la virtud moral que consiste en practicar la equidad como una constante y firme voluntad de dar a cada cual lo que le es debido.

Se basa fundamentalmente en el concepto de equidad, esa difícil armonía entre el mérito, la necesidad y el bien común; armonía que no se refiere exclusivamente a bienes materiales sino que incluye la debida consideración por bienes inmateriales como el honor, la honra, el respeto, la consideración y hasta la gloria de la fama si ésta es bien merecida.

Ya en la Antigüedad se tenía plena conciencia de lo complejo y delicado de la administración de justicia: "No cometerás ninguna injusticia en los juicios. No favorecerás arbitrariamente al pobre ni te mostrarás complaciente con el rico, juzgarás a tu prójimo con justicia." [7]  Un requerimiento que bien merecería ser subrayado hoy día en que por demagogia y clientelismo electoral muchas veces se favorece arbitrariamente al pobre mientras, por el otro lado y en forma paralela, se concede impunidad al rico a fin de obtener o consolidar una cuota de poder.

La peculiaridad de la Justicia respecto de las demás virtudes es que regula al Hombre en lo que se relaciona con el Otro mientras que las demás virtudes perfeccionan al Hombre considerado en referencia a sí mismo.

La Justicia pone en práctica la moralidad, es decir: la bondad del ser humano. La razón es un bien del Hombre. Este Bien, sin embargo, se manifiesta esencialmente en la sabiduría que es la perfección de la razón. La Justicia, a su vez, concreta este Bien, en la medida en que le pertenece, en todas aquellas relaciones humanas en las que interviene el poder ordenador de la razón. Las demás virtudes cardinales, en cambio, conservan este Bien, en la medida en que moderan los impulsos para que éstos no alejen al Hombre del Bien de la razón". [8]

La Fortaleza

La Fortaleza es la virtud que otorga valentía y tenacidad en la difícil empresa que implica hacerle frente al Mal y luchar por el Bien.

Es la que nos permite enfrentar dificultades, aceptar riesgos y nos hace capaces de vencer el temor – incluso el temor a la muerte – y de hacer frente a las pruebas y a las persecuciones a las que nos exponemos si aceptamos el compromiso irrenunciable con el Bien y las causas justas.

Según Santo Tomás, dispone de Fortaleza quien está dispuesto a: (1) enfrentar los peligros con valentía y (2) soportar con constancia las adversidades que inevitablemente trae consigo la lucha por las causas justas, la verdad, la justicia y el bien común en general. En consecuencia, la Fortaleza está en realidad constituida por una simbiosis de valentía y tenacidad, de coraje y constancia en la lucha contra el Mal.

Parecería una virtud extremadamente difícil de adquirir. Sin embargo, como señala C.S. Lewis, con la Fortaleza pasa algo bastante curioso. Muchas personas viciosas se muestran hasta orgullosas de sus vicios; pero nadie ha tenido mucho éxito esgrimiendo la cobardía como si fuese una virtud. Cuando el Mal ha avanzado lo suficiente como para que hasta la cobardía resulte medianamente aceptada, siempre ocurre
"... una guerra, un terremoto, o alguna otra calamidad y de pronto el coraje se convierte en algo tan obviamente deseable e importante (...) que siempre queda al menos un vicio por el cual los seres humanos sienten una genuina vergüenza." [9]
Y es porque, como decía Napoleón Bonaparte: "El coraje no se puede simular: es una virtud que escapa a la hipocresía".

La Templanza

Por último, la Templanza es la virtud de la sobriedad mediante la cual podemos mantener bajo control nuestra dependencia de los placeres, asegurando el dominio de nuestra voluntad sobre los instintos y manteniendo los deseos dentro de los límites de la sensatez.

Esencialmente, la templanza implica sobriedad. No significa negarse a disfrutar lo agradable, lo bello o lo atractivo. Por de pronto, significa no desear lo superfluo. Pero mucho más allá de eso, significa negarse a ser esclavo del placer como les sucede a quienes padecen adicciones. Significa preocuparse por conocer la dimensión de las inclinaciones y las pasiones para luego poder mantenerlas bajo control en su justa medida.

Uno de los que mejor han descripto la virtud de la templanza como sobriedad ha sido el estoico romano Séneca:
"(...) los placeres del sabio son serenos, moderados, casi indiferentes y controlados; apenas si se los nota porque vienen sin que se los llame y, si bien llegan por sus propios medios, no se los ensalza y son recibidos sin alharaca por parte de quienes los experimentan; porque se les permite entremezclarse sólo de vez en cuando con la vida, tal como lo hacemos con los entretenimientos y los esparcimientos en medio del tratamiento de asuntos serios."
Con lo que queda bastante claro que la sobria templanza no es la negación y el rechazo absoluto del placer sino la virtud mediante la cual el Hombre evita convertirse en esclavo de ese placer que al final termina siendo el dueño de sus decisiones. Porque, en una frase que es perfectamente aplicable a la idolatría del placer que caracteriza al hedonismo actual, Séneca recalca:
Dejemos, pues, de mezclar cosas irreconciliables y no vinculemos al placer con la virtud; es un procedimiento vicioso que agrada sólo a la peor clase de hombres. Quien se ha sumergido en los placeres, en medio de sus eructos y su constante ebriedad, sabiendo que vive con placer, se cree que está viviendo también con virtud; por consiguiente denomina sabiduría a sus vicios y exhibe lo que en realidad habría que ocultar. Y, así, no es Epicuro el que los ha llevado al libertinaje sino ellos, al haberse rendido ante el vicio, ocultan su libertinaje en el regazo de la filosofía y se apiñan en el lugar en que pueden escuchar la apología del placer. No consideran cuan sobrio y abstemio es el “placer” de Epicuro realmente; pues así es, en verdad lo creo. En lugar de ello, se refugian en un mero nombre buscando alguna justificación y alguna pantalla para sus debilidades. [10]      

Las tres virtudes teologales

Finalmente, por sobre las virtudes cardinales, el cristianismo católico  dispuso tres virtudes teologales que durante 2000 años han servido de guía para la cosmovisión religiosa de los auténticos creyentes. Estas tres virtudes superiores son la Fe, la Esperanza y la Caridad.

Fe

La Fe es la virtud por la cual creemos que el Universo es una Creación y no un producto del azar. Lo cual lleva a afirmar que, siendo una creación, necesariamente es obra de un Creador. En otras palabras, La fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que Él nos ha dicho y revelado. [11] Y en esto hay que saber diferenciar la fe de la simple creencia.

Según la feliz definición de Gabriel Marcel la creencia es un mero "creer que" mientras que la fe es un profundo "creer en". Por consiguiente, la auténtica fe es, en última instancia y en esencia, un don. No es un conocimiento abstracto de doctrinas a aprender; no está hecha de elucubraciones y discursos filosóficos o científicos sino de una verdadera, profunda y serena adhesión a Dios.

La fe es lo que termina equilibrando la dualidad del ser y el hacer. Si bien es cierto que, como ya dijimos, las buenas obras hechas por una mala persona no tienen un gran valor más allá del que puedan tener las obras por sí mismas, no menos cierto es que la bondad de una buena persona tampoco está completa si no va acompañada de buenas obras. Esa profunda adhesión a Dios que es la fe determina un compromiso [12] el cual, a su vez, se traduce en obras concretas porque "De la misma manera en que un cuerpo sin alma está muerto, así está muerta la fe sin las obras." [13 ]

Esperanza

Complementando la fe, la Esperanza es la virtud teologal que nos abre a la trascendencia. Es la que lleva al cristiano a confiar en que la muerte física no es el punto final definitivo de la existencia humana y a tener la certeza de poder alcanzar la vida eterna más allá de esta vida terrenal. Frente a ella, muchas cuestiones mundanas pierden gran parte de su importancia, lo cual, entre otras cosas, refuerza también a la virtud de la templanza.

La esperanza es la virtud que nos permite persistir en la senda del Bien, sin desesperanzas y sin desalientos frente a las inevitables adversidades de la vida.

Caridad

Por último, la Caridad nos abre a la solidaridad auténticamente cristiana. Es la virtud inherente al Undécimo Mandamiento instituido por Jesús en la Última Cena:
"Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros." [14]
La solidaridad enaltecida por la caridad conlleva alegría, paz y misericordia. "Exige la práctica del bien y la corrección fraterna; es benevolencia; suscita la reciprocidad; es siempre desinteresada y generosa; es amistad y comunión". [15]

El camino

Las dieciséis virtudes que hemos expuesto han sido tratadas aquí de manera muy sucinta y seguramente demasiado superficial. Así y todo, creo no exagerar si digo que aún esta visión general permite ver que estas virtudes jalonan un camino. Lamentablemente, un camino que en buena medida hemos abandonado.

Hubo largos siglos en la Historia de Occidente en los que estas dieciséis virtudes estuvieron firmemente instaladas en la cultura de nuestra civilización y rigieron el comportamiento moral de las personas. Es muy cierto que nunca llegaron a tener una vigencia perfecta. Es muy cierto que en ocasiones fueron violadas y transgredidas  – y no solo por algunos personajes miserables e intrascendentes sino también y ocasionalmente por los grandes y poderosos que, en principio, deberían haber dado ejemplo de rectitud moral. Pero durante todos esos siglos nadie dudó del valor y de la rectitud de estas virtudes; a nadie se le ocurrió relativizarlas públicamente o proponer su derogación. Pudieron no ser ejercidas y hasta pudieron ser violadas pero nadie puso en duda que eran correctas.

Es que las virtudes no surgen de manera automática y necesariamente espontánea.  Como hemos visto al principio, la virtud depende de una constante y firme determinación de hacer el Bien. Por lo que, en gran medida (aunque no íntegra ni exclusivamente) depende de la Voluntad y la efectiva vigencia de todas las virtudes aquí mencionadas requiere un claro triunfo de la voluntad sobre las debilidades y los defectos de la condición humana.  Con todo, no nos confundamos: la virtud no es una cuestión de "voluntarismos". Es una cuestión de determinación y compromiso de luchar por el Bien y enfrentar al Mal en todo lo humanamente posible para quien asume esa determinación y ese compromiso.

Por eso es que no hay que bajar los brazos y rendirse ante el argumento de que estas dieciséis virtudes nunca tuvieron una vigencia plena y absoluta. Eso es cierto; pero no menos cierto es que las virtudes son ideales a aproximar y no utopías a construir. Ésa es precisamente la diferencia entre idealismo e ideología. El idealismo propone caminos y objetivos a alcanzar; la ideología utópica exige la construcción en concreto de un modelo abstracto cuya atracción reside en su grado de deseabilidad pero cuyas posibilidades concretas han sido desestimadas y reemplazadas por la afirmación dogmática de una viabilidad indiscutible exigida como dogma de fe. Por eso es que las ideologías utópicas se parecen tanto a las religiones y el comportamiento de sus militantes es tan similar al de los fieles de una iglesia, aún cuando tanto la ideología como sus militantes se autodeclaren ateos sin concesiones. [16]  En última instancia, en Occidente el ateísmo es tan solo la religión de quienes tienen una fe inquebrantable en la inexistencia de Dios y suplantan al Nuevo Testamento por el último Manual de Física.

Las virtudes son jalones que marcan un camino pero el camino debe ser recorrido por cada uno de nosotros. Y es un camino que debemos retomar si queremos volver a ser esa enorme usina de cultura y sabiduría que alguna vez fuimos y que, en lo material, construyó todas esas maravillas de arquitectura y de artes plásticas que hoy fotografían frenéticamente unos turistas que no solo muchas veces no saben lo que están fotografiando sino que no tienen ni idea de los principios filosóficos, morales, estéticos  y religiosos del mundo que las produjo.

Reconozcámoslo. Vivimos en una sociedad que, culturalmente, ha errado el camino. Y esto no es una mera opinión. Es un hecho objetivo. Los signos de decadencia que ya son inocultables constituyen la mejor prueba de ello. En algún recodo de la Historia tomamos por el desvío equivocado y, de allí en más, hemos ido barranca abajo dejando poco a poco todas nuestras virtudes a la vera del camino. Ya no es que a veces fallamos en vivir y actuar de acuerdo con ellas. Hoy ya ni siquiera las tenemos en cuenta y hasta toleramos ovejunamente que un hato de rufianes degradados se burle de ellas y las desprecie etiquetándolas de simples "mandatos" culturales que pueden ser suplantados por lo que a cualquier degenerado se le ocurra.

Hagamos el esfuerzo de desandar ese camino equivocado. Tengamos la honestidad de reconocer que nos equivocamos.  Tengamos el coraje de recuperar nuestras auténticas virtudes y vivir de acuerdo a ellas lo mejor que podamos, soportando que nos ridiculicen y que hasta nos ataquen por hacerlo. Tengamos la valentía de reconquistar lo que perdimos enfrentado la perversión y la degradación.

Podemos hacerlo. Podemos volver al camino correcto. Podemos hacerle frente al Mal.

Para empezar ya mismo, lo único que necesitamos es decisión, compromiso y una gran cantidad de esa hermosa virtud que es la valentía de la Fortaleza.

El camino ya no es muy visible porque hoy solo unos pocos caminan por él. Pero está señalizado por dieciséis virtudes.

Volvamos al camino que nunca debimos abandonar para volver a tener un futuro al que nunca debimos renunciar.

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Notas:
1)- Cf: Denes Martos, "Las Nueve Nobles Virtudes",  denesmartos.blogspot.com.ar/p/blog-page.html
2)- Cf. Platón,  La República pero también en los estoicos romanos Epicteto, Séneca y Marco Aurelio. Muchos consideran que el estoicismo tardío operó en cierta medida como la "filosofía de empalme" entre en Mundo Antiguo y el cristianismo, aun cuando este último no heredó de los filósofos estoicos esa tendencia general al pesimismo y a la desesperanza intelectual que llevó, por ejemplo, a Séneca al suicidio.
3)- Cf. http://es.catholic.net/op/articulos/2585/cat/69/las-virtudes-morales-o-cardinales.html
4)- Cf. http://educacionreligion.blogspot.com.ar/2013/02/virtudes-cardinales.html
5)- Josef Pieper (1904 -1997). Probablemente el mejor filósofo cristiano alemán del S.XX. Cf. http://www.planetaholistico.com.ar/Libros/JosefPieper/JosefPieper.html.
6)- Josef Pieper, Werke (Obras Completas), CD-ROM Ed. Meiner, Hamburgo 2008, ISBN 978-3-932094-70-5,  T. 4, 5.
7)- Levítico 19, 15 - El resaltado es mío.
8)- Cf. Santo Tomas de Aquino, Summa theologiae, II–II, q. 51, a. 1c  y II–II, q. 123, a. 12c.
9)- Clives Staples Lewis, The Screwtape Letters. 1942, Cap. XXIX -  Hay versión en castellano: Cartas del diablo a su sobrino. La nota de color es que Lewis dedicó este libro a su amigo J. R. R. Tolkien. De hecho Chesterton, Lewis, Tolkien, Belloc y G.B.Shaw forman un grupo de intelectuales ingleses estrechamente relacionados entre sí.
10)- Lucio Anneo Séneca (4 AJC-65 DJC), Tratados Morales,  Capítulo XII.
Cf. https://drive.google.com/file/d/0B6QXUcoelzmpVFA2ODAtLTlPajg/edit
Nota: Epicuro, al que Séneca hace referencia en este párrafo, es Epicuro de Samos (341-270 AJC), un pensador griego que propuso una filosofía basada en la búsqueda del placer, pero – y he aquí lo que subraya Séneca – según Epicuro ésa búsqueda tenía que estar dirigida por la prudencia, es decir: por la sabiduría.
11)- http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c1a7_sp.html - #1814
12)- http://es.catholic.net/op/articulos/1565/las-virtudes-teologales.html
13) - Santiago 2,26
14)- S. Juan 13,34 - Ver también S. Juan 15,12 y 15,17
15) - http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c1a7_sp.html - # 1829
16)- Cf. Nicolás Berdiayev (o Bierdiaeff): El cristianismo y el problema del comunismo. Espasa Calpe, Colección Austral, 1968.

Ilustraciones
Las estatuas de las cuatro virtudes cardinales que ilustran el texto se encuentran en el Parque Juárez de la ciudad de Xalapa, México.
Las cuatro estatuas originales fueron obra del escultor xalapeño Enrique Guerra. Las hizo en 1910 para adornar el Palacio de Relaciones Exteriores en la ciudad de México, pero no las pusieron por falta de espacio y las guardaron. Después fueron donadas tres de ellas a la ciudad de Xalapa: Fortaleza, Justicia y Prudencia (elaboradas en mármol de Carrara) y posteriormente se integró una copia de Templanza (hecha en mármol de Tlatila), obra de Armando Zavaleta León, ya que la original se encuentra en Chapultepec cerca del monumento a los Niños Héroes en la ciudad de México. Cada escultura mide tres metros de altura.

Templanza, moderadora de apetitos y pasiones, está representada con la figura de un hombre que con sus manos sujeta a un brioso caballo.
Prudencia, caracterizada en la figura de una mujer que con la mano derecha jala la oreja de un sátiro (imagen del desorden y de la desvergüenza).
Fortaleza sostiene en sus manos un mazo y detrás de él, a la altura de su rodilla izquierda, destaca la cabeza de un león (emblema de la fuerza y del valor).
Por último, Justicia, representada por una figura femenina que sostiene en sus manos una espada de la que cuelgan unas cadenas a su costado izquierdo.
Cf: http://www.xalapaveracruz.mx/las-estatuas-de-las-4-virtudes-cardinales-de-xalapa/