domingo, 8 de octubre de 2017

EL CAMINO Y LAS VIRTUDES


El enemigo está adentro;
es contra nuestra propia lujuria,
nuestra propia locura, nuestra propia criminalidad
contra la que tenemos que luchar.
Marco Tulio Cicerón

¿Qué es una virtud?

Toda cultura se basa en última instancia sobre ciertas virtudes, ordenadas según una escala de valores de acuerdo con la cosmovisión de las personas que la sustentan. De allí es que, para iniciar el camino de la recuperación de las virtudes y los valores fundacionales de Occidente, lo primero que hay que entender en absoluto es el concepto de "virtud".

La Areté griega
Excelecia o Virtud
La virtud es una constante y firme determinación a hacer el Bien. Le permite a las personas no sólo realizar buenas acciones en beneficio propio y de la comunidad a la que pertenecen, sino que también las habilita a dar de sí lo mejor que pueden dar. Con todos sus poderes físicos y espirituales, la persona virtuosa luchará por el Bien por lo que, si es necesario, enfrentará al Mal allí donde lo encuentre, con decisión y sin compromisos ni claudicaciones.

Las virtudes humanas constituyen actitudes firmes, tendencias confiables, perfeccionamientos constantes de la mente y de la voluntad que gobiernan las acciones. En una primera instancia regulan las pasiones y guían el comportamiento según las conclusiones racionales de la moral y la ética. En una instancia superior, orientan la vida ya sea según los principios de la metafísica, ya sea según los mandatos de la fe, ya sea según ambas guías en forma simultánea.

Las virtudes otorgan a las personas facilidad, seguridad y entusiasmo para llevar una vida moralmente buena. Son frutos y, al mismo tiempo, fuentes de buenas obras morales que ordenan a todas las fuerzas humanas para que se manifiesten en armonía con el Orden Natural.

El hombre virtuoso hace el bien de forma voluntaria aunque no sin esfuerzo. Las virtudes morales se adquieren a través del esfuerzo puesto en la actitud y en la acción. Aumentan merced al conocimiento, merced a la experiencia que otorgan las acciones conscientemente decididas y merced a una tenacidad constante aplicada a hacer buenas obras nacidas de una actitud buena. De este modo una virtud no solo hace buena a la acción de una persona sino que hace moralmente buena a la persona misma.

En este sentido, algo que de alguna manera y por razones muy complejas hemos ido perdiendo por el camino es esta noción profunda de la moral. Ya a principios del Siglo XIV, Eckhart de Hochheim – más conocido como el "Maestro Eckhart" – señalaba que las personas deberían pensar menos en lo que deben hacer y más en lo que deben ser. Lo cual por supuesto no significa que las buenas obras son superfluas. Como veremos más adelante cuando mencionemos la virtud teologal de la Fe, la buena obra de la buena persona tiene muchísimo más valor que esa misma buena obra realizada por un malvado que hace buenas obras simplemente para disimular o disculpar su maldad.

Con el correr de los siglos, la doctrina moral y, sobre todo, la docencia moral han ido perdiendo casi por completo su profundidad y vigencia. En la actualidad, incluso quienes intentan sinceramente ser buenas personas relacionan la moral con una doctrina del hacer y, sobre todo, del no-hacer; de lo permitido y lo prohibido. Muy pocos se dan cuenta de que la moral y la ética obviamente deben mencionar las acciones, las obligaciones, los mandatos y las transgresiones pero, en lo profundo y esencial, ambas disciplinas se refieren fundamentalmente al verdadero ser de la persona; es decir: al verdadero ser de la persona buena.

A los efectos prácticos, una verdadera virtud más que un propósito es un hábito. Es una pre-disposición permanente de la voluntad hacia el Bien tendiente a perfeccionar los talentos y las capacidades del hombre bueno impulsándolo a realizar obras buenas.

Sin embargo, ese hábito virtuoso no nos cae del cielo aun cuando la fe lo puede fortalecer gracias a un don especial. Por regla general, a las virtudes las hacemos nuestras a través del aprendizaje, los actos deliberados y el esfuerzo constante. Una vez arraigadas en el espíritu, las virtudes le permiten a las personas dar lo mejor de sí con facilidad, con seguridad e incluso con alegría.

Las nueve nobles virtudes básicas

Para que la vida comunitaria sea posible en absoluto, toda sociedad necesariamente debe hallar la forma de establecer la vigencia de una serie de virtudes básicas y elementales sin las cuales ni la convivencia social es posible ni el objeto de la sociedad se cumple. Estas virtudes, conocidas desde la más remota antigüedad y reflejadas directa o indirectamente en múltiples codificaciones normativas, constituyen el sustrato mínimo sobre el cual se han construido todas las sociedades realmente funcionales. [1]

Para enumerar las virtudes tradicionalmente vigentes en Occidente podemos comenzar por el honor que es la base del respeto mutuo entre las personas ya que el honor de una persona consiste en ser lo que es y en ser reconocido y respetado por lo que es. A su vez toda persona con honor tiene el deber de atenerse a la verdad. De ser veraz. Y el ser veraz no necesariamente presupone conocer y entender la verdad absoluta de todas las cosas. Significa, simplemente, reconocer, aceptar y afirmar lo que es, tal como se percibe y se entiende, sin subterfugios ni distorsiones engañosas. A su vez, a las personas de honor comprometidas con la verdad debe unirlas el lazo invisible pero indestructible de la lealtad para que puedan hacerle frente en forma mancomunada a las fuerzas que promueven la falsedad y la mentira. Y en esa lucha contra las fuerzas negativas que siempre tienden a desgarrar el cuerpo social por la confrontación estéril de antagonismos egoístas, deben imperar la disciplina y la perseverancia ya que sin estas virtudes, o bien no se llega al objetivo, o bien se pierde mañana lo que se ha conquistado hoy.

Y la provisión de las necesidades humanas concretas y básicas – alimento, vivienda,  vestimenta, educación, seguridad y salud – requiere trabajo. Una actividad que, con  sus aportes positivos, aumenta las posibilidades concretas de acción y de opción con lo que aumentan correspondientemente los grados de libertad posibles dentro de una sociedad dada. Y a esa libertad hay que defenderla con valentía frente a los posibles ataques externos ya que ninguna sociedad humana existe en el vacío y la posibilidad del surgimiento de un enemigo externo nunca está descartada. Pero, para que esa defensa sea también efectiva, no solamente debe disponer de los medios necesarios dispuestos en determinada estructura y estrategia. Además de ello, debe involucrar a todos los miembros de la sociedad en un marco de solidaridad mancomunada; un valor que, en última instancia, nace de la conciencia plena de compartir (y de querer compartir) una misma unidad de destino con todos los demás miembros de la sociedad.

Estas nueve virtudes, que hemos recibido como herencia tradicional de las sociedades occidentales iniciales, constituyen la base elemental, natural y necesaria a la organización social ya que regulan y norman el comportamiento social de las personas manteniéndolo dentro de los límites necesarios al orden fundamental que la propia naturaleza humana exige.

Sin ellas no hay sociedad estable posible. Sobre ellas, asegurando su vigencia de la mejor manera humanamente factible, se puede construir una sociedad estable. Y, con el agregado de otras virtudes normativas, se pueden seguir construyendo desarrollos aun más avanzados de cultura y civilización.

Las cuatro virtudes cardinales

En Occidente, la filosofía grecorromana [2] le agregó cuatro virtudes a las nueve nobles virtudes básicas tradicionales que sirvieron de cimiento a la moral y a la ética del período pre-cristiano.

Uno de los problemas actuales con estas virtudes es su denominación. Habitualmente se las enumera como Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza [3], palabras que no son sino traducción prácticamente directa de términos procedentes del latín y que hoy se prestan bastante a confusión porque estos términos ya no son interpretados en el sentido que originalmente tenían las palabras latinas de las cuales proceden. En realidad, no es que la traducción esté mal hecha – que no es el caso en absoluto. Lo que sucede es que a esos términos muchísima gente hoy les adjudica un significado distinto.

"Prudencia" proviene del latín prudentïa que significaba la capacidad para discernir  y distinguir lo bueno de lo malo a fin de seguir lo primero y evitar lo segundo. En el contexto de las virtudes, no significa cautela, reticencia o pusilanimidad por exceso de precaución.  El término "Justicia" proviene de iustitïa que implicaba darle a cada uno lo que le pertenece y no necesariamente se refería tan solo al Derecho y a las leyes. A su vez, "Fortaleza" proviene de fortalitia que implicaba fuerza y vigor, pero no solo referidas a la fuerza física y al vigor corporal sino a la fortaleza de espíritu y al vigor de la capacidad de decisión. Finalmente "Templanza" procede de temperantia, que significaba la capacidad de dominar los impulsos de los sentidos ("apetitos") sujetándolos a la razón y a la voluntad. [4]

Como vemos, existen muchos matices que pueden llamar a engaño y confusión. En consecuencia dejemos lo siguiente en claro:
  • La Prudencia tiene que ver con la Sabiduría que, según la RAE es "El grado más alto del conocimiento"; o un "conocimiento profundo en ciencias, letras, o artes". Es una virtud emparentada con la cordura, la sensatez y el buen juicio.
  • La Justicia se refiere a la Equidad que, otra vez según la RAE es  "....la propensión a dejarse guiar, o a fallar, por el sentimiento del deber o de la conciencia, más bien que por las prescripciones rigurosas de la justicia o por el texto terminante de la ley" y también " Disposición del ánimo que mueve a dar a cada uno lo que merece".
  • La Fortaleza, como virtud, implica Valentía y significa firmeza, constancia y tenacidad disciplinada en el logro de un propósito determinado.
  • Finalmente, la Templanza se relaciona con la Sobriedad que significa "... moderación y carencia de preocupación o fuerte deseo por lo superfluo".
Para completar el concepto nada mejor que recurrir a un verdadero especialista en la materia. Según Josef Pieper [5] y entendiendo la "perfección" dentro de los límites de lo humanamente factible:
"La virtud es una «capacidad perfecta» del Hombre como persona espiritual. La Justicia, la Fortaleza y la Templanza alcanzan su «perfección» como «capacidad» del Hombre entero sólo cuando se basan en la sabiduría, es decir, en la «capacidad perfecta» para la decisión correcta. Sólo a través de esta «capacidad perfecta para decidir» se elevan al Bien las inclinaciones instintivas. Recién la Sabiduría completa la acción impulsiva e instintivamente correcta. Ella es la que dirige las «predisposiciones» naturalmente buenas hacia la virtud real, es decir: hacia el modo verdaderamente humano de la «capacidad perfecta»". [6]

Prudencia

La Prudencia entendida como sabiduría, es la virtud mediante la cual la razón práctica puede discernir el verdadero bien y los medios rectos para realizarlo. Siguiendo a Aristóteles, santo Tomás de Aquino afirma que la Prudencia es la “regla recta de la acción”. También se la considera como el auriga virtutum; el "conductor" de las demás virtudes a las cuales les indica regla y medida.

La Prudencia nos enseña a considerar las cuestiones sine ira et studio  – sin odios y sin parcialidades, favoritismos o prejuicios – analizando los "pro" y los "contra" de manera objetiva; escuchando a los más sabios, considerando con sinceridad sus consejos y todo ello tratando de hacer el mayor bien y el menor daño posible. La prudencia no implica proceder con un exceso de cautela, en forma timorata, sin energía o sin decisión. Significa no proceder de manera irresponsable y atolondrada, manteniendo siempre el espíritu crítico.

La sabiduría es la guía directa del juicio de conciencia. El hombre sabio determina y ordena su comportamiento según este juicio. Gracias a esta virtud, aplicamos los principios morales a las situaciones individuales sin error y superamos las dudas sobre el Bien a hacer y a defender,  y el Mal a evitar y combatir.

El Hombre sabio no es aquél que solo sabe mucho; ése es el erudito. El Hombre sabio es el Hombre bueno que sabe mucho.

Justicia

La Justicia es la virtud moral que consiste en practicar la equidad como una constante y firme voluntad de dar a cada cual lo que le es debido.

Se basa fundamentalmente en el concepto de equidad, esa difícil armonía entre el mérito, la necesidad y el bien común; armonía que no se refiere exclusivamente a bienes materiales sino que incluye la debida consideración por bienes inmateriales como el honor, la honra, el respeto, la consideración y hasta la gloria de la fama si ésta es bien merecida.

Ya en la Antigüedad se tenía plena conciencia de lo complejo y delicado de la administración de justicia: "No cometerás ninguna injusticia en los juicios. No favorecerás arbitrariamente al pobre ni te mostrarás complaciente con el rico, juzgarás a tu prójimo con justicia." [7]  Un requerimiento que bien merecería ser subrayado hoy día en que por demagogia y clientelismo electoral muchas veces se favorece arbitrariamente al pobre mientras, por el otro lado y en forma paralela, se concede impunidad al rico a fin de obtener o consolidar una cuota de poder.

La peculiaridad de la Justicia respecto de las demás virtudes es que regula al Hombre en lo que se relaciona con el Otro mientras que las demás virtudes perfeccionan al Hombre considerado en referencia a sí mismo.

La Justicia pone en práctica la moralidad, es decir: la bondad del ser humano. La razón es un bien del Hombre. Este Bien, sin embargo, se manifiesta esencialmente en la sabiduría que es la perfección de la razón. La Justicia, a su vez, concreta este Bien, en la medida en que le pertenece, en todas aquellas relaciones humanas en las que interviene el poder ordenador de la razón. Las demás virtudes cardinales, en cambio, conservan este Bien, en la medida en que moderan los impulsos para que éstos no alejen al Hombre del Bien de la razón". [8]

La Fortaleza

La Fortaleza es la virtud que otorga valentía y tenacidad en la difícil empresa que implica hacerle frente al Mal y luchar por el Bien.

Es la que nos permite enfrentar dificultades, aceptar riesgos y nos hace capaces de vencer el temor – incluso el temor a la muerte – y de hacer frente a las pruebas y a las persecuciones a las que nos exponemos si aceptamos el compromiso irrenunciable con el Bien y las causas justas.

Según Santo Tomás, dispone de Fortaleza quien está dispuesto a: (1) enfrentar los peligros con valentía y (2) soportar con constancia las adversidades que inevitablemente trae consigo la lucha por las causas justas, la verdad, la justicia y el bien común en general. En consecuencia, la Fortaleza está en realidad constituida por una simbiosis de valentía y tenacidad, de coraje y constancia en la lucha contra el Mal.

Parecería una virtud extremadamente difícil de adquirir. Sin embargo, como señala C.S. Lewis, con la Fortaleza pasa algo bastante curioso. Muchas personas viciosas se muestran hasta orgullosas de sus vicios; pero nadie ha tenido mucho éxito esgrimiendo la cobardía como si fuese una virtud. Cuando el Mal ha avanzado lo suficiente como para que hasta la cobardía resulte medianamente aceptada, siempre ocurre
"... una guerra, un terremoto, o alguna otra calamidad y de pronto el coraje se convierte en algo tan obviamente deseable e importante (...) que siempre queda al menos un vicio por el cual los seres humanos sienten una genuina vergüenza." [9]
Y es porque, como decía Napoleón Bonaparte: "El coraje no se puede simular: es una virtud que escapa a la hipocresía".

La Templanza

Por último, la Templanza es la virtud de la sobriedad mediante la cual podemos mantener bajo control nuestra dependencia de los placeres, asegurando el dominio de nuestra voluntad sobre los instintos y manteniendo los deseos dentro de los límites de la sensatez.

Esencialmente, la templanza implica sobriedad. No significa negarse a disfrutar lo agradable, lo bello o lo atractivo. Por de pronto, significa no desear lo superfluo. Pero mucho más allá de eso, significa negarse a ser esclavo del placer como les sucede a quienes padecen adicciones. Significa preocuparse por conocer la dimensión de las inclinaciones y las pasiones para luego poder mantenerlas bajo control en su justa medida.

Uno de los que mejor han descripto la virtud de la templanza como sobriedad ha sido el estoico romano Séneca:
"(...) los placeres del sabio son serenos, moderados, casi indiferentes y controlados; apenas si se los nota porque vienen sin que se los llame y, si bien llegan por sus propios medios, no se los ensalza y son recibidos sin alharaca por parte de quienes los experimentan; porque se les permite entremezclarse sólo de vez en cuando con la vida, tal como lo hacemos con los entretenimientos y los esparcimientos en medio del tratamiento de asuntos serios."
Con lo que queda bastante claro que la sobria templanza no es la negación y el rechazo absoluto del placer sino la virtud mediante la cual el Hombre evita convertirse en esclavo de ese placer que al final termina siendo el dueño de sus decisiones. Porque, en una frase que es perfectamente aplicable a la idolatría del placer que caracteriza al hedonismo actual, Séneca recalca:
Dejemos, pues, de mezclar cosas irreconciliables y no vinculemos al placer con la virtud; es un procedimiento vicioso que agrada sólo a la peor clase de hombres. Quien se ha sumergido en los placeres, en medio de sus eructos y su constante ebriedad, sabiendo que vive con placer, se cree que está viviendo también con virtud; por consiguiente denomina sabiduría a sus vicios y exhibe lo que en realidad habría que ocultar. Y, así, no es Epicuro el que los ha llevado al libertinaje sino ellos, al haberse rendido ante el vicio, ocultan su libertinaje en el regazo de la filosofía y se apiñan en el lugar en que pueden escuchar la apología del placer. No consideran cuan sobrio y abstemio es el “placer” de Epicuro realmente; pues así es, en verdad lo creo. En lugar de ello, se refugian en un mero nombre buscando alguna justificación y alguna pantalla para sus debilidades. [10]      

Las tres virtudes teologales

Finalmente, por sobre las virtudes cardinales, el cristianismo católico  dispuso tres virtudes teologales que durante 2000 años han servido de guía para la cosmovisión religiosa de los auténticos creyentes. Estas tres virtudes superiores son la Fe, la Esperanza y la Caridad.

Fe

La Fe es la virtud por la cual creemos que el Universo es una Creación y no un producto del azar. Lo cual lleva a afirmar que, siendo una creación, necesariamente es obra de un Creador. En otras palabras, La fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que Él nos ha dicho y revelado. [11] Y en esto hay que saber diferenciar la fe de la simple creencia.

Según la feliz definición de Gabriel Marcel la creencia es un mero "creer que" mientras que la fe es un profundo "creer en". Por consiguiente, la auténtica fe es, en última instancia y en esencia, un don. No es un conocimiento abstracto de doctrinas a aprender; no está hecha de elucubraciones y discursos filosóficos o científicos sino de una verdadera, profunda y serena adhesión a Dios.

La fe es lo que termina equilibrando la dualidad del ser y el hacer. Si bien es cierto que, como ya dijimos, las buenas obras hechas por una mala persona no tienen un gran valor más allá del que puedan tener las obras por sí mismas, no menos cierto es que la bondad de una buena persona tampoco está completa si no va acompañada de buenas obras. Esa profunda adhesión a Dios que es la fe determina un compromiso [12] el cual, a su vez, se traduce en obras concretas porque "De la misma manera en que un cuerpo sin alma está muerto, así está muerta la fe sin las obras." [13 ]

Esperanza

Complementando la fe, la Esperanza es la virtud teologal que nos abre a la trascendencia. Es la que lleva al cristiano a confiar en que la muerte física no es el punto final definitivo de la existencia humana y a tener la certeza de poder alcanzar la vida eterna más allá de esta vida terrenal. Frente a ella, muchas cuestiones mundanas pierden gran parte de su importancia, lo cual, entre otras cosas, refuerza también a la virtud de la templanza.

La esperanza es la virtud que nos permite persistir en la senda del Bien, sin desesperanzas y sin desalientos frente a las inevitables adversidades de la vida.

Caridad

Por último, la Caridad nos abre a la solidaridad auténticamente cristiana. Es la virtud inherente al Undécimo Mandamiento instituido por Jesús en la Última Cena:
"Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros." [14]
La solidaridad enaltecida por la caridad conlleva alegría, paz y misericordia. "Exige la práctica del bien y la corrección fraterna; es benevolencia; suscita la reciprocidad; es siempre desinteresada y generosa; es amistad y comunión". [15]

El camino

Las dieciséis virtudes que hemos expuesto han sido tratadas aquí de manera muy sucinta y seguramente demasiado superficial. Así y todo, creo no exagerar si digo que aún esta visión general permite ver que estas virtudes jalonan un camino. Lamentablemente, un camino que en buena medida hemos abandonado.

Hubo largos siglos en la Historia de Occidente en los que estas dieciséis virtudes estuvieron firmemente instaladas en la cultura de nuestra civilización y rigieron el comportamiento moral de las personas. Es muy cierto que nunca llegaron a tener una vigencia perfecta. Es muy cierto que en ocasiones fueron violadas y transgredidas  – y no solo por algunos personajes miserables e intrascendentes sino también y ocasionalmente por los grandes y poderosos que, en principio, deberían haber dado ejemplo de rectitud moral. Pero durante todos esos siglos nadie dudó del valor y de la rectitud de estas virtudes; a nadie se le ocurrió relativizarlas públicamente o proponer su derogación. Pudieron no ser ejercidas y hasta pudieron ser violadas pero nadie puso en duda que eran correctas.

Es que las virtudes no surgen de manera automática y necesariamente espontánea.  Como hemos visto al principio, la virtud depende de una constante y firme determinación de hacer el Bien. Por lo que, en gran medida (aunque no íntegra ni exclusivamente) depende de la Voluntad y la efectiva vigencia de todas las virtudes aquí mencionadas requiere un claro triunfo de la voluntad sobre las debilidades y los defectos de la condición humana.  Con todo, no nos confundamos: la virtud no es una cuestión de "voluntarismos". Es una cuestión de determinación y compromiso de luchar por el Bien y enfrentar al Mal en todo lo humanamente posible para quien asume esa determinación y ese compromiso.

Por eso es que no hay que bajar los brazos y rendirse ante el argumento de que estas dieciséis virtudes nunca tuvieron una vigencia plena y absoluta. Eso es cierto; pero no menos cierto es que las virtudes son ideales a aproximar y no utopías a construir. Ésa es precisamente la diferencia entre idealismo e ideología. El idealismo propone caminos y objetivos a alcanzar; la ideología utópica exige la construcción en concreto de un modelo abstracto cuya atracción reside en su grado de deseabilidad pero cuyas posibilidades concretas han sido desestimadas y reemplazadas por la afirmación dogmática de una viabilidad indiscutible exigida como dogma de fe. Por eso es que las ideologías utópicas se parecen tanto a las religiones y el comportamiento de sus militantes es tan similar al de los fieles de una iglesia, aún cuando tanto la ideología como sus militantes se autodeclaren ateos sin concesiones. [16]  En última instancia, en Occidente el ateísmo es tan solo la religión de quienes tienen una fe inquebrantable en la inexistencia de Dios y suplantan al Nuevo Testamento por el último Manual de Física.

Las virtudes son jalones que marcan un camino pero el camino debe ser recorrido por cada uno de nosotros. Y es un camino que debemos retomar si queremos volver a ser esa enorme usina de cultura y sabiduría que alguna vez fuimos y que, en lo material, construyó todas esas maravillas de arquitectura y de artes plásticas que hoy fotografían frenéticamente unos turistas que no solo muchas veces no saben lo que están fotografiando sino que no tienen ni idea de los principios filosóficos, morales, estéticos  y religiosos del mundo que las produjo.

Reconozcámoslo. Vivimos en una sociedad que, culturalmente, ha errado el camino. Y esto no es una mera opinión. Es un hecho objetivo. Los signos de decadencia que ya son inocultables constituyen la mejor prueba de ello. En algún recodo de la Historia tomamos por el desvío equivocado y, de allí en más, hemos ido barranca abajo dejando poco a poco todas nuestras virtudes a la vera del camino. Ya no es que a veces fallamos en vivir y actuar de acuerdo con ellas. Hoy ya ni siquiera las tenemos en cuenta y hasta toleramos ovejunamente que un hato de rufianes degradados se burle de ellas y las desprecie etiquetándolas de simples "mandatos" culturales que pueden ser suplantados por lo que a cualquier degenerado se le ocurra.

Hagamos el esfuerzo de desandar ese camino equivocado. Tengamos la honestidad de reconocer que nos equivocamos.  Tengamos el coraje de recuperar nuestras auténticas virtudes y vivir de acuerdo a ellas lo mejor que podamos, soportando que nos ridiculicen y que hasta nos ataquen por hacerlo. Tengamos la valentía de reconquistar lo que perdimos enfrentado la perversión y la degradación.

Podemos hacerlo. Podemos volver al camino correcto. Podemos hacerle frente al Mal.

Para empezar ya mismo, lo único que necesitamos es decisión, compromiso y una gran cantidad de esa hermosa virtud que es la valentía de la Fortaleza.

El camino ya no es muy visible porque hoy solo unos pocos caminan por él. Pero está señalizado por dieciséis virtudes.

Volvamos al camino que nunca debimos abandonar para volver a tener un futuro al que nunca debimos renunciar.

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Notas:
1)- Cf: Denes Martos, "Las Nueve Nobles Virtudes",  denesmartos.blogspot.com.ar/p/blog-page.html
2)- Cf. Platón,  La República pero también en los estoicos romanos Epicteto, Séneca y Marco Aurelio. Muchos consideran que el estoicismo tardío operó en cierta medida como la "filosofía de empalme" entre en Mundo Antiguo y el cristianismo, aun cuando este último no heredó de los filósofos estoicos esa tendencia general al pesimismo y a la desesperanza intelectual que llevó, por ejemplo, a Séneca al suicidio.
3)- Cf. http://es.catholic.net/op/articulos/2585/cat/69/las-virtudes-morales-o-cardinales.html
4)- Cf. http://educacionreligion.blogspot.com.ar/2013/02/virtudes-cardinales.html
5)- Josef Pieper (1904 -1997). Probablemente el mejor filósofo cristiano alemán del S.XX. Cf. http://www.planetaholistico.com.ar/Libros/JosefPieper/JosefPieper.html.
6)- Josef Pieper, Werke (Obras Completas), CD-ROM Ed. Meiner, Hamburgo 2008, ISBN 978-3-932094-70-5,  T. 4, 5.
7)- Levítico 19, 15 - El resaltado es mío.
8)- Cf. Santo Tomas de Aquino, Summa theologiae, II–II, q. 51, a. 1c  y II–II, q. 123, a. 12c.
9)- Clives Staples Lewis, The Screwtape Letters. 1942, Cap. XXIX -  Hay versión en castellano: Cartas del diablo a su sobrino. La nota de color es que Lewis dedicó este libro a su amigo J. R. R. Tolkien. De hecho Chesterton, Lewis, Tolkien, Belloc y G.B.Shaw forman un grupo de intelectuales ingleses estrechamente relacionados entre sí.
10)- Lucio Anneo Séneca (4 AJC-65 DJC), Tratados Morales,  Capítulo XII.
Cf. https://drive.google.com/file/d/0B6QXUcoelzmpVFA2ODAtLTlPajg/edit
Nota: Epicuro, al que Séneca hace referencia en este párrafo, es Epicuro de Samos (341-270 AJC), un pensador griego que propuso una filosofía basada en la búsqueda del placer, pero – y he aquí lo que subraya Séneca – según Epicuro ésa búsqueda tenía que estar dirigida por la prudencia, es decir: por la sabiduría.
11)- http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c1a7_sp.html - #1814
12)- http://es.catholic.net/op/articulos/1565/las-virtudes-teologales.html
13) - Santiago 2,26
14)- S. Juan 13,34 - Ver también S. Juan 15,12 y 15,17
15) - http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c1a7_sp.html - # 1829
16)- Cf. Nicolás Berdiayev (o Bierdiaeff): El cristianismo y el problema del comunismo. Espasa Calpe, Colección Austral, 1968.

Ilustraciones
Las estatuas de las cuatro virtudes cardinales que ilustran el texto se encuentran en el Parque Juárez de la ciudad de Xalapa, México.
Las cuatro estatuas originales fueron obra del escultor xalapeño Enrique Guerra. Las hizo en 1910 para adornar el Palacio de Relaciones Exteriores en la ciudad de México, pero no las pusieron por falta de espacio y las guardaron. Después fueron donadas tres de ellas a la ciudad de Xalapa: Fortaleza, Justicia y Prudencia (elaboradas en mármol de Carrara) y posteriormente se integró una copia de Templanza (hecha en mármol de Tlatila), obra de Armando Zavaleta León, ya que la original se encuentra en Chapultepec cerca del monumento a los Niños Héroes en la ciudad de México. Cada escultura mide tres metros de altura.

Templanza, moderadora de apetitos y pasiones, está representada con la figura de un hombre que con sus manos sujeta a un brioso caballo.
Prudencia, caracterizada en la figura de una mujer que con la mano derecha jala la oreja de un sátiro (imagen del desorden y de la desvergüenza).
Fortaleza sostiene en sus manos un mazo y detrás de él, a la altura de su rodilla izquierda, destaca la cabeza de un león (emblema de la fuerza y del valor).
Por último, Justicia, representada por una figura femenina que sostiene en sus manos una espada de la que cuelgan unas cadenas a su costado izquierdo.
Cf: http://www.xalapaveracruz.mx/las-estatuas-de-las-4-virtudes-cardinales-de-xalapa/




viernes, 1 de septiembre de 2017

LAS CHANCES DE SANTIAGO MALDONADO

Los ojos y los oídos son testigos muy pobres
para las personas que tienen almas incultas
Heráclito

Santiago Maldonado desapareció. Al momento de escribir estas líneas (01/09/2017 21:43) nadie sabe si está vivo o muerto. Bueno; "nadie" es una forma de decir. Algunos pocos deben saber cómo está y dónde está; solo que esos pocos tienen los labios sellados y su silencio es total.


Hay, por pura lógica, dos posibilidades: que Maldonado esté vivo o que esté muerto. Que esté malherido recuperándose en algún lado es una tercera posibilidad pero entra dentro de la primera de modo que seguimos con dos posibilidades: o bien está vivo, o bien está muerto.

Ahora bien, en cualquiera de los dos casos también tenemos otras dos posibilidades adicionales: que se lo haya llevado la gendarmería o que se haya quedado con los mapuches.

A todo esto todo el aparato mediático, más toda la izquierda, más todos los militantes gramscianos que andan dando vueltas, más todas las ONG, más la runfla docente, más todo el trollerío de Internet, más la Interpol y hasta la patota internacional de Derechos Humanos han batido el parche con tanta intensidad e insistencia que no hay persona de más de 5 años en la Argentina que no sepa que Santiago Maldonado está desaparecido y que todos los arriba mencionados acusan a la gendarmería de ser la responsable por lo sucedido. Así, todo el mundo se pregunta: "¿Dónde está Santiago Maldonado?" y espía a ver si encuentra a algún gendarme escondido por ahí.

Perdónenme por arruinar el suspenso y la intriga pero en virtud de la lógica presentada en los primeros párrafos voy a tratar de ayudar a las autoridades con una teoría sobre cómo y dónde puede estar Maldonado.

SUPOSICIÓN 1: En primer lugar, si está muerto su ubicación depende de quién lo mató. Si lo mató algún gendarme que se "excedió involuntariamente" en la intensidad del interrogatorio, a esta altura del partido los restos mortales de Don Santiago Maldonado se encuentran en algún lugar ignoto de la República Argentina. Están, o bien 3 metros (o más) bajo tierra o en alguna fosa común. Y de los supuestos gendarmes que supuestamente participaron en el supuesto operativo ninguno va a abrir la boca porque el que la abra será acusado de homicidio con unos 500 agravantes, al igual que todos los demás.

SUPOSICIÓN 2: Por otra parte, si murió en alguna operación efectuada por los mapuches del RAM, está igualmente enterrado en algún reducto mapuche argentino o chileno y ningún digno representante de este "pueblo originario" va a ser tan tarado como para abrir la boca y decir: "Lo enterramos nosotros".

SUPOSICIÓN 3: En la otra posibilidad, si está vivo, el hombre puede estar: A)- encerrado en alguna celda de gendarmería, o bien B)- en algún canuto de los mismos mapuches.

TEORÍA 1: Si está en alguna celda, (Suposición 3A) los muchachos de gendarmería y del gobierno tienen un problema insoluble. Si lo hacen aparecer tendrán que responder a una andanada de preguntas tales como "¿Por qué lo escondieron durante tanto tiempo? ¿Qué había para ocultar? ¿Por qué negaron que lo tenían? ¿Dónde estuvo detenido? ¿Quién dio la orden de detenerlo? ¿Quién lo mantuvo detenido?" y etcétera, etcétera, etcétera. Todas preguntas que, como pueden imaginar mis queridos lectores, son imposibles de responder sin cantar al mismo tiempo "Arrésteme sargento, póngame cadenas". Ergo, a esta altura del partido, si lo secuestró la gendarmería y el hombre todavía está vivo, para quienes lo secuestraron la decisión más probable a fin de zafar del asunto es matarlo. Con lo que esta hipótesis cierra retrotrayéndonos al Punto 1.

TEORÍA 2: Si está vivo pero en algún reducto de los mapuches (Suposición 3B), son los mapuches los que tienen un problema insoluble. Porque, si lo hacen aparecer, son los mapuches los que tendrán que responder a un reguero de preguntas tales como: "¿Dónde estuvo? ¿Por qué callaron y dejaron que todo el mundo se volviera histérico buscándolo mientras ustedes guardaban silencio?  ¿Por qué mintieron diciendo que se lo había llevado la gendarmería? Al final ¿Maldonado estuvo o no estuvo en el corte de la ruta? y etcétera, etcétera, etcétera." O sea, otra tanda de preguntas imposibles de responder sin generar inmediatamente una carátula intitulada "Obstrucción de Justicia". Ergo, si lo tienen escondido los mapuches y el hombre todavía está vivo, para quienes lo escondieron la decisión más probable a fin de zafar del asunto es matarlo. Con lo que esta hipótesis cierra retrotrayéndonos al Punto 2.

En ambas teorías es muy poco probable que Santiago Maldonado aparezca jamás. Ni vivo ni su cadáver.

No obstante las dos teorías admiten también una variante relativamente poco probable pero no imposible. Después de haber Santiago Maldonado pasado a mejor vida, las autoridades quizás puedan llegar a descubrir su tumba en virtud de alguna misteriosa "información anónima". En ese caso, les apuesto lo que quieran a que los mapuches acusarán al gobierno y el gobierno acusará a los mapuches de haberlo matado y enterrado, con lo que tendremos debates, discusiones, diatribas y peleas mediáticas ad infinitum.

Lamentablemente el escenario más probable es muy siniestro. La oposición -- K y no-K -- necesita desesperadamente un muerto para tirárselo a la puerta de Macri así como en su momento a Kosteki y Santillán los tiraron a la puerta de Duhalde.

Ahora, si el tipo llegara a aparecer con vida, preparen las cámaras, los micrófonos y los reflectores porque el despelote que se va a armar será para alquilar balcones y cobrar entrada.

De cualquier manera que sea, no me gustaría ser Santiago Maldonado.

¡Pobre Santiago!

viernes, 25 de agosto de 2017

LA DECADENCIA Y EL CAMINO

Nunca las cuestiones del espíritu han tenido tan poco valor.
Nunca el odio por todo lo excelso ha sido tan manifiesto
-- desdén por lo bello, execración de la literatura.
Siempre he tratado de vivir en una torre de marfil
pero una marea de mierda está batiendo sus paredes
amenazando con socavarla.
Gustave Flaubert

Remanentes ideológicos y caprichos utópicos

En Occidente se están planteando y se siguen discutiendo, para colmo en forma bastante desordenada, varias concepciones que después resultan en confusas implementaciones de decisiones parcial y hasta totalmente contradictorias.

En buena medida estas concepciones nacen de residuos sobrevivientes de viejas ideologías; restos de antiguas especulaciones y utopías de los Siglos XIX y XX. Por un lado, un gramscismo cultural tardío trata de unir en una propuesta – ecléctica, diversa y en buena medida incoherente – lo que estos remanentes ideológicos todavía tienen de reivindicación social a fin de intentar con ellos la conquista de la sociedad civil. Por el otro lado, un liberalismo agotado sigue insistiendo en la demagogia de la libertad mientras trata de sostener un sistema que contradice lo declamado ya que, de hecho, restringe el ejercicio real de la libertad otorgándola solo a quienes tienen suficiente poder económico y se limita a tolerar ciertos desahogos y caprichos en el resto de la sociedad mientras fomenta artificialmente el consumismo masivo, necesario para mantener activas las ganancias procedentes de la producción de bienes y servicios. 

Gramsci y Rousseau

Así y todo, muchos creen que estas propuesta son aceptables por dos motivos: primero porque le hablan al placer y a la comodidad de un ser humano que ha terminado por concebir la vida ideal como una vida sin esfuerzo y, segundo, porque vienen presentadas con la alegre irresponsabilidad de un permisivismo negador de las consecuencias inevitables.

Gramsci y Rousseau
En lo esencial, la situación en la que nos encontramos es el resultado de haber perdido el marco firme de los lineamientos de nuestra organización social. Las nociones de autoridad, orden, disciplina, son resistidas y hasta negadas por los intelectuales que construyen el sustrato cultural que luego repiten como loros los operadores políticos y sociales. La forma misma del orden social que durante siglos y más siglos sirvió de matriz – con diferentes variantes – a las sociedades de Occidente ha sido suplantada por la idea de que ese orden social se puede construir casi de cualquier manera – y hasta que podría surgir de forma completamente espontánea – siendo que lo único importante es que sean "felices" a quienes abarca.

Y más aún: reviviendo viejas ilusiones anarquistas y mitos rouseaunianos, impera la noción de que el orden social ni siquiera tiene que ser un orden en absoluto, pudiendo bastar un acuerdo circunstancial bajo la forma de un contrato social expresado en un cuerpo jurídico modificable por la voluntad popular.

Y no es así.

No es así porque ni el orden social ni el universo que lo rodea admiten cualquier capricho humano, por más bienintencionado que sea y por más hermoso panorama que describa la utopía a través de la cual se lo relata.

La normatividad del Universo.

Basta con observar el universo con un mínimo de objetividad para percibir inmediatamente que el cosmos no es un caos. La naturaleza podrá incluir – como que, de hecho, incluye – eso que denominamos "azar" y podrá tener – como que, de hecho, tiene – lo que llamamos sus "caprichos". Pero más allá de lo aleatorio y de lo caprichoso (que bien podrían deberse a procesos que no entendemos demasiado bien) los fenómenos naturales responden a reglas, incluso a leyes inscriptas en la esencia misma de las cosas.

El orden cósmico no es arbitrario
Un sistema solar no se constituye de cualquier manera ni se mantiene de cualquier forma. La trayectoria de un planeta no es arbitraria. La vida no es posible de cualquier manera, bajo cualquier condición y en cualquier lado. Los fenómenos físicos, químicos y biológicos suceden de determinado modo y bajo ciertas condiciones y no otras. Existe la gravedad y tiene sus leyes. Existe la termodinámica con las suyas. Existe la genética con las suyas.  El mundo, el cosmos que habitamos, tiene sus normas y funciona según normas. Justamente uno de los principales cometidos de la ciencia es descubrir estas normas para describirlas y hacerlas comprensibles, predecibles y eventualmente manipulables. Cuando obtenemos acero del hierro natural no le estamos imponiendo al hierro una estructura molecular que se nos ocurrió a nosotros inventar. Estamos aprovechándonos de una propiedad del metal que, después de ciertos procesos y bajo determinadas circunstancias y condiciones, admite y adopta una determinada estructura que se caracteriza por su dureza y elasticidad.

Esta noción de la "normatividad" del cosmos no es nada nueva, por supuesto. Nos viene de los albores de nuestra cultura. Está presente en el antiguo pensamiento grecorromano, en la cosmovisión de los pueblos bárbaros invasores posteriores y en el pensamiento filosófico y teológico cristiano. Más todavía: constituye uno de los pilares del pensamiento científico actual.

La normatividad social.

Así como el universo responde a reglas y leyes, las sociedades humanas tampoco son enteramente producto del capricho de sus integrantes. La sociedad humana – y con mayor razón la sociedad política – funciona sobre la base de normas, ya sea implícitas (p.ej. morales, costumbres) o explícitas (p. ej. leyes, decretos).  Justamente cuando la normatividad social se resquebraja, se debilita o se pierde, sobreviene la anomia que rápidamente conduce a la anarquía la cual, a su vez, desemboca en el caos en el cual se desintegra no solo la sociedad en cuestión sino incluso toda la cultura que esa sociedad ha creado.

Y esto es porque las sociedades humanas no responden solamente al hecho de que el ser humano es un animal social que necesita del contacto con sus semejantes por razones de afecto y reproducción. Responden, además, a necesidades humanas concretas y básicas que deben estar garantizadas a sus miembros, tales como alimento, vivienda,  vestimenta, educación, seguridad, salud, trabajo.

Y, más allá de ello, las sociedades humanas responden también a la necesidad del ser humano de explorar, pensar, discutir y compartir con sus semejantes las preguntas y las respuestas a las cuestiones éticas, filosóficas y religiosas inherentes a la condición humana y matizadas por el entorno etnocultural en el que vive el ser humano concreto de carne y hueso que resulta bastante diferente del cuadro que pintan de él  las mitologías intelectuales creadas para encasillarlo en alguna utopía artificial. Y en un plano inmaterial las sociedades humanas responden incluso a necesidades estéticas, artísticas y espirituales, que – combinadas con todo lo anterior – acercan al Hombre a la idea de la perfección, al concepto de lo sublime y, finalmente, a la idea de lo sagrado y lo divino.

La catedral de Milan

Los seres humanos no nos reunimos organizadamente solo para acompañarnos, aparearnos y comprar cosas. Lo hacemos por necesidades que vienen impulsadas por el instinto de supervivencia y desarrollo de la especie. Lo hacemos para aumentar nuestras posibilidades concretas, con lo que aumentan nuestros márgenes de libertad porque la asociación aumenta las posibilidades reales de los individuos. Lo hacemos para sumar voluntades y esfuerzos a fin de aumentar nuestros márgenes de seguridad y ampliar nuestros horizontes de expansión y progreso real.

Y todo ello está sustentado por normas. Por criterios morales acerca de lo que "está bien" y lo que "está mal". Por criterios éticos y empíricos que nos explican por qué es bueno lo que la moral dice que "está bien" y por qué es malo lo que la moral señala como algo que "está mal". Por criterios estéticos que nos dicen qué es lo hermoso y qué es lo feo; qué es lo sublime y qué es lo chabacano. Por criterios de conocimiento, experiencia y sabiduría que nos dicen qué cosa es probablemente verdad, qué cosa es seguramente mentira y qué es todo lo dudoso que valdría la pena seguir investigando.

Los fundamentos últimos

Todo el gran edificio de normas y criterios que acabamos de delinear no es algo que se mantiene flotando en el aire. Descansa sobre fundamentos sólidos que toda cultura construye y elabora a lo largo de los siglos de su existencia. Esos fundamentos son las virtudes las cuales, a su vez, se perciben como valores por los que se rigen todos los miembros arraigados a una cultura.

Va de suyo que las distintas culturas han tenido – y tienen incluso hoy – distintos esquemas de virtudes y, por lo tanto, distintas escalas de valores. Los entornos etnoculturales ni son iguales ni son intercambiables. Todo proceso de transculturación es traumático y a veces hasta imposible dependiendo de las idiosincrasias involucradas y de la intensidad con la que las diferentes virtudes en cuestión han arraigado en los seres humanos o en las sociedades involucradas. Lo importante es saber y admitir que, contrariamente a lo pregonado por el igualitarismo, no todas las culturas son compatibles entre sí. Y esto es porque no todas profesan necesariamente las mismas virtudes, ni responden necesariamente a los mismos valores, ni le otorgan las mismas prioridades a determinados valores cuando éstos son compartidos al menos hasta cierto punto.

Occidente está en manifiesta decadencia. Lo está precisamente porque ha olvidado y hasta negado sus virtudes fundacionales. Se ha emasculado, hedonizado y relativizado. Ha hecho del igualitarismo lacrimógeno, del permisivismo indolente y del pacifismo cobarde sus valores máximos.

Occidente se ha emasculado, hedonizado y relativizado
La cultura actual ya no está basada en las virtudes, en las normas y en los criterios que le permitieron al Hombre de Occidente crear una cultura y una civilización cuyos logros hoy usufructúa todo el mundo. Logros que, en muchos casos, no se le reconocen y no se le agradecen porque Occidente también ha cometido grandes errores, la mayoría de las veces dejándose guiar y conducir por elementos que parasitaron la cultura occidental pero que no tuvieron – ni tienen – nada de occidentales.

Sea como fuere, nuestra cultura – si quiere evitar la decadencia completa que inevitablemente llevará al caos y a la desaparición – tiene un solo camino disponible: volver a sus fundamentos arrancando de raíz todo lo que contradiga sus virtudes y erradicando con mano de hierro toda teoría que rechace sus valores fundacionales.

Es un camino que, si es elegido, requerirá una fuerte operación de desmalezamiento para poder ser transitado. Y eso es algo que de ninguna manera podrá ser agradable, ni fácil.

Pero es el único camino que queda.

O recuperamos nuestras virtudes y valores, o pasaremos a la Historia como otro intento más de lo que podría haber sido y no fue.


martes, 15 de agosto de 2017

¿VALIÓ LA PENA?


La democracia es el arte y la ciencia
de dirigir el circo
desde la jaula de los monos.
H.L.Mencken

Después de las PASO del pasado domingo 13 de Agosto y habiendo dejado pasar un poco de tiempo para que al menos hasta cierto punto se aquieten las aguas, quizás convenga reflexionar un poco.

Por de pronto, parecería ser que los de Cambiemos están aprendiendo. La idea de salir a festejar en público cuando el conteo de votos todavía daba un 4 a un 5% de ventaja sobre Cristina Kirchner es uno de esos trucos sucios democráticos que hubiera sido digno de Richard Nixon a quien no por nada sus amigos apodaban "tricky Dicky". [1]

Los que se fueron a dormir relativamente temprano el domingo, se durmieron con la idea de que el macrismo le había poco menos que dado una paliza al cristinismo. A la mañana siguiente la cosa ya era un "empate técnico". O sea que primero salimos a festejar, apoyados en los números publicados hasta ese momento, y después decimos que con el acto "No salimos a festejar, salimos a agradecer" el apoyo recibido. [2]

Dentro de unos 20 días la cosa va a seguir siendo un empate técnico, matemáticamente hablando, pero ya a favor del cristinismo cuando en el escrutinio definitivo se terminen de contabilizar los votos faltantes. O sea que, festejamos un triunfo que no tuvimos; después decimos que no festejamos y dentro de casi un mes ¿a quién cuernos le va a importar una diferencia de algo así como el 0.04% a favor de Cristina? Ahí el argumento va a ser: "bueno, en realidad nadie perdió ni ganó, fue un empate técnico". ¡Y listo! Ni vencedores ni vencidos y haya paz.

Y todo esto sin hacer ningún fraude en forma directa. Bastó con pedirle al INDRA que empiece a contar los votos en las mesas favorables a Macri y que no largue los números favorables a Cristina antes de la medianoche. ¡Brillante! No hay nada que hacerle; el viejo Joseph Vissariónovich Dzhugashvili [3] ya lo dijo hace más de 80 años atrás: "Lo importante no es quién vota sino quién cuenta los votos". El otro Joseph se hubiera limitado a sonreír con cara de pícaro ...

Pero lo que quería comentarles en realidad no son los trucos sucios que admite el electoralismo del sistema demoliberal. La plata necesaria para financiar las campañas, el "curro" con el dinero que el Estado aporta para la impresión de las boletas, el robo o destrucción de esas boletas, la falta de fiscales, los "candidatos testimoniales", la cabalística matemática con la que se contabilizan los votos de las personas que no fueron a votar, los que votaron en blanco, los nulos o los impugnados, y etcétera y etcétera y etcétera, dan para cometarios ad nauseam.

Sin embargo, lo que me mueve al comentario es otra cosa.

Por de pronto, las PASO (en teoría) no están para que un partido le gane al otro. Están para dirimir las internas de los partidos cuando, dentro del mismo partido, hay varias listas que pretenden representarlo. Por supuesto que la teoría es una engañapichanga porque un montón de partidos presentan lista única y todo el sainete se convierte en una especie de gran encuesta nacional. Encuesta que sirve para medir fuerzas.  Pero sobre todo – y aquí está la trampa – sirve para filtrar y dejar fuera de carrera a todos los que no superen el 1.5% de los votos. Para dejarlo bien claro: los partidos que no superaron el 1.5% de votos en las PASO del 13 de Agosto no podrán participar de las elecciones de Octubre.

O sea que no es cierto que las PASO no sirven para nada. Aparte del efecto psicológico de la encuesta que permite barruntar quiénes serán posibles ganadores y quiénes seguros perdedores en la votación definitiva, las PASO sirven para barrer del tablero a una buena cantidad de partidos considerados "inútiles" o "indeseables" forzando a sus afiliados a votar en la votación definitiva por alguno de los admitidos que superaron el 1.5%.

Para no hablar al divino botón y "en el aire", vayamos a los números duros que – voto más o voto menos – ya están disponibles. Veamos quiénes no llegaron a ese dichoso 1.5%


Capital Federal - Diputados Nacionales
PARTIDO
VOTOS
PORC.
CONVOCATORIA ABIERTA POR BUENOS AIRES
21,117
1,12%
IZQUIERDA AL FRENTE POR EL SOCIALISMO
15,883
0,84%
HUMANISTA
9,186
0,49%
RENOVADOR FEDERAL
6,191
0,33%
EL MOVIMIENTO
5,882
0,31%
SOCIALISTA AUTENTICO
5,530
0,29%
MOVIMIENTO POLITICO, SOCIAL Y CULTURAL PROYECTO SUR
4,653
0,25%
BANDERA VECINAL
4,102
0,22%
ACCION CIUDADANA
3,061
0,16%
FEDERAL
2,895
0,15%

Capital Federal - Diputados de la Ciudad
PARTIDO
VOTOS
PORC.
CONVOCATORIA ABIERTA POR BUENOS AIRES
22,280
1,19%
IZQUIERDA AL FRENTE POR EL SOCIALISMO
15,529
0,83%
HUMANISTA
9,299
0,50%
RENOVADOR FEDERAL
6,021
0,32%
SOCIALISTA AUTENTICO
5,514
0,29%
EL MOVIMIENTO
5,431
0,29%
SUR EN MARCHA
4,559
0,24%
BANDERA VECINAL
4,289
0,23%
ACCION CIUDADANA
3,046
0,16%
FEDERAL
1,526
0,08%

Provincia de Buenos Aires - Senadores Nacionales
PARTIDO
VOTOS
PORC.
IZQUIERDA AL FRENTE POR EL SOCIALISMO
93,270
1,05%
CREO
47,125
0,53%
FRENTE SOCIALISTA Y POPULAR
46,182
0,52%
FRENTE PATRIOTA BANDERA VECINAL
31,529
0,35%
FEDERAL
29,761
0,33%
HUMANISTA
23,596
0,26%
TODOS POR BUENOS AIRES
16,923
0,19%
DEL CAMPO POPULAR
9,237
0,10%
MOVIMIENTO ORGANIZACION DEMOCRATICA
7,206
0,08%
MOVIMIENTO AMPLIO DE TRABAJADORES Y JUBILADOS
1,750
0,02%

Provincia de Buenos Aires - Diputados Nacionales
PARTIDO
VOTOS
PORC.
IZQUIERDA AL FRENTE POR EL SOCIALISMO
101.364
1,14%
FRENTE SOCIALISTA Y POPULAR
46.158
0,52%
CREO
44.276
0,50%
PATRIA GRANDE
36.844
0,41%
FEDERAL
29.882
0,34%
FRENTE PATRIOTA BANDERA VECINAL
28.448
0,32%
HUMANISTA
23.724
0,27%
TODOS POR BUENOS AIRES
17,000
0,19%
ENCUENTRO POPULAR POR TIERRA TECHO Y TRABAJO
15.042
0,17%
DEL CAMPO POPULAR
8.366
0,09%
MOVIMIENTO ORGANIZACION DEMOCRATICA
6.817
0,08%
MOVIMIENTO AMPLIO DE TRABAJADORES Y JUBILADOS
1.697
0,02%

Una simple operación matemática permite ver que en Capital se barrieron del tablero, primero 78.500 votos para Diputados Nacionales y luego 77.494 votos para Diputados de la Ciudad. En el caso de la provincia de Buenos Aires se descartan 306.579 votos de senadores y 359.618 para diputados. En Octubre, todos los que emitieron estos votos, si quieren emitir un voto válido, deberán optar por algún otro partido que haya superado la barrera del 1.5%.

En otras palabras: si votaste por alguno de estos partidos en las PASO, no vas a poder votar por el partido de tu preferencia en Octubre.

¿Se dan cuenta ahora para qué sirven las PASO? No se enojen. Los partidarios del sistema lo llaman democracia.

Y, por favor, tampoco se enojen conmigo por la pregunta que les voy a hacer. Quiero dejar muy en claro que valoro el enorme esfuerzo que han hecho todos. Sé que no es fácil sacrificar horas y más horas en la lucha en pos de un ideal. Y no lo digo por una evaluación teórica desde detrás de un escritorio. Puedo tener la tranquilidad de conciencia y de espíritu para poder afirmar que lo digo por experiencia propia. Uno deja el alma, la fe, la esperanza y las alegrías en esa lucha. Y a veces hasta la salud y mucho más. Lo sé.

Lo que sucede es que, por más que duela, después de una batalla hay que sacar las consecuencias. Aunque más no sea para decidir cómo conviene seguir peleando la guerra.

Y en eso, la pregunta que HAY que hacerse es: ¿Valió la pena?

Cada uno deberá contestarse esa pregunta a sí mismo. Yo solo puedo decir lo que expuse antes de estas PASO: la democracia liberal está hecha a prueba de personas honestas. Bajo situaciones socioeconómicas relativamente normales, lo único que puede perforarla en un ataque frontal es una enorme suma de dinero invertida en una muy hábilmente organizada campaña al frente de la cual hay alguien con un gran carisma. Tratar de hallar un huequito por dónde colarse en este sistema, con la esperanza de crecer desde un puestito de senador o diputado, es jugar a perdedor.

El sistema no puede ser doblegado ni aun consiguiendo una senaduría o una diputación. En el Senado un senador es uno entre 72 senadores; en la Cámara de Diputados un diputado es uno entre 257. Si alguien cree que, con el tiempo, se puede ir sumando y aumentado la cantidad de legisladores para finalmente llegar a una mayoría, yo lo único que le pido es que me dé un ejemplo en que eso haya sucedido. Los únicos casos que conozco de procesos más o menos parecidos son de países destruidos por una guerra, o países que contaron de pronto con un líder carismático excepcional, o ambas cosas a la vez.

No es nada casual que esto sea así. El ataque frontal solo puede tener éxito cuando el que ataca posee una clara superioridad en al menos algún aspecto. O es mucho más fuerte, o es mucho más convincente, o es mucho más astuto, o es mucho más sanguinario, o cuenta con más recursos, o tiene alguna otra gran ventaja competitiva. En todos los demás casos de ataque frontal la derrota es inevitable y lo único que queda es la batalla por el honor. Una batalla en la que se puede salvar la dignidad, pero no la cabeza. Y esto es algo que se sabe hasta desde mucho antes de Clausewitz y los estrategas prusianos quienes, como dijo un francés bastante cruel, lo han sabido todo de la guerra excepto cómo ganarla.

Por eso, el que le encontró la vuelta a este problema fue un inglés. Tengo  perfectamente en claro que los ingleses no gozan de mucha simpatía en la Argentina – por decirlo lo más suavemente posible – y hay muchas buenas razones que explican eso. Así y todo, vale la pena conocer el pensamiento de Basil H. Liddel Hart y su libro sobre "La Estrategia de la Aproximación Indirecta"

Hacia el final de la obra hay ocho consejos sobre cómo encarar una lucha sin recurrir al enfrentamiento frontal:

1. Ajuste su fin a sus medios.
2. Mantenga siempre su fin en mente al tiempo que adapta su plan a las circunstancias.
3. Elija la línea o el curso de acción menos esperado.
4. Explote la línea de menor resistencia
5. Tome una línea de acción que ofrezca objetivos alternativos.
6. Asegúrese de que tanto el plan como sus disposiciones son flexibles – adaptables a las circunstancias.
7. No lance su fuerza al asalto mientras su oponente está en guardia;
8. No renueve un ataque a lo largo de la misma línea (o en la misma forma) después de que otro anterior ha fracasado.

Por supuesto, cada uno de estos consejos requiere su desarrollo y su explicación, cosa que no podemos hacer aquí. A quién le interese, le recomiendo el libro. Está en la Nueva Editorial Virtual y lo pueden bajar enteramente gratis sin problemas [4] Y, sobre todo, sugeriría prestarle bastante atención al octavo consejo: "No renueve un ataque a lo largo de la misma línea (o en la misma forma) después de que otro anterior ha fracasado." Si no respetan esta regla lo más probable es que, dentro de otros 30 años y ante un resultado similar al del domingo pasado, alguien tendrá que volver a salir para decir: "¡Fuerza! ¡Esto recién empieza!"

Hacer siempre lo mismo y esperar un resultado diferente no es lo que se llama una estrategia aconsejable. Nunca lo ha sido. Y por desgracia nunca lo será.

Hace ya muchos años atrás, en cierta ocasión me tomé el atrevimiento de sugerir una estrategia centrada en objetivos alcanzables. La idea general podía resumirse en la frase: "De la periferia al centro y de abajo hacia arriba." ¿Qué significaba eso? Varias cosas.

En primer lugar no tratar de conquistar la Capital Federal ni la Provincia de Buenos Aires entera. La propuesta era concentrarse en los municipios y tejer una red de intendentes prestigiados y queridos por sus vecinos. En otras palabras: la idea era empezar de abajo, desde el municipio, que es donde está el pueblo real con sus problemas reales y su vida concreta. Que es un lugar en el que se puede tomar contacto directo con las personas que van a votar. Que es el lugar ideal en donde quienes no tienen experiencia política directa pueden ir aprendiendo el oficio más allá de las teorizaciones ideológicas abstractas y las discusiones históricas interesantes pero superadas por el tiempo y la realidad.

Y, aparte de esto de "empezar desde abajo", la idea era también despegarse de las enormes concentraciones urbanas y prestarle más atención a la periferia. Lograr presencia y prestigio en los ámbitos más reducidos y abarcables de la periferia, muchas veces completamente abandonados por los grandes partidos excepto un par de días antes de una elección. Para luego, una vez conquistados esos bastiones periféricos, tener la posibilidad de avanzar desde allí sobre los grandes centros urbanos.

Por supuesto que esta idea requería – y sigue requiriendo – una buena planificación, con objetivos y metas realistas, nada fáciles de establecer y mantener a lo largo del tiempo. Un ataque frontal solo requiere juntar las fuerzas, gritar "¡A la carga!" y avanzar en patota con todo lo que se tiene. Una estrategia por la aproximación indirecta requiere muchísimo trabajo de equipo en la planificación, una gran capacidad de conducción en la implementación y una constancia disciplinada a prueba de decepciones y hartazgos en la ejecución.

Justamente por eso es que creo que no me dieron ni cinco de bolilla –  ni en su momento ni después – en aras de proceder, como siempre, haciendo lo que se puede, porque se puede, cuando se puede y ya que se puede.

Por ese camino, después de un enorme esfuerzo, ¿no llegar ni al 1.5% de los votos?

No quiero ni voy a discutir con nadie; pero ¿valió la pena?


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NOTAS
Para los resultados electorales ver: http://www.resultados.gob.ar/escrutinio/dat99/DDN99999P.htm

1)- "Ricardito el tramposo" en traducción libre.
2)- Maria Eugenia Vidal dixit. Cf. http://www.infobae.com/politica/2017/08/15/maria-eugenia-vidal-en-ningun-momento-dije-ni-digo-que-ganamos-la-provincia/
3)- Nombre verdadero de Stalin. De hecho, "Stalin" es solo su apodo o "nombre de guerra".
4)- Cf. https://drive.google.com/file/d/0B6QXUcoelzmpWWhuQUlDWlBsTUE/edit